LA COORDINADORA NACIONAL DE TRABAJADORES DE
LA EDUCACIÓN (CNTE)HOY.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) nació en 1979 como expresión de rebeldía del magisterio democrático frente al charrismo sindical, la corrupción enquistada en el SNTE y la sumisión de las dirigencias oficiales ante el poder. No surgió por capricho ni por ambición de grupo: nació de la necesidad histórica de que los maestros de México recuperaran su voz, su organización y su dignidad.
Desde entonces, la CNTE ha sido una de las fuerzas más firmes en la defensa de los derechos laborales del magisterio y de la educación pública. Su lucha no se ha limitado a lo salarial, aunque también ahí ha librado batallas justas; ha sido, sobre todo, una resistencia política e ideológica frente a los intentos del Estado y del capital por convertir la educación en instrumento de control, de domesticación y de obediencia.
En distintos momentos de la historia reciente, la CNTE ha enfrentado reformas impuestas desde arriba, políticas neoliberales disfrazadas de modernización y campañas de desprestigio dirigidas a debilitar la organización popular del magisterio. Frente a ello, ha levantado una bandera que conserva plena vigencia: la defensa de la escuela pública, gratuita, laica y al servicio de los hijos del pueblo.
No se puede entender la historia contemporánea de la lucha magisterial en México sin la CNTE. Ahí ha estado en las jornadas contra la privatización encubierta de la educación, en la resistencia frente a las mal llamadas reformas educativas, en la denuncia del despojo de derechos laborales y en la exigencia de democracia sindical. Lo que para los poderosos ha sido “desorden”, para miles de maestros ha sido dignidad organizada; lo que los medios conservadores llaman “caos”, muchas veces no es sino el grito de quienes han sido ignorados sistemáticamente.
Hoy la CNTE continúa en pie de lucha. Sus demandas no son menores ni superficiales: exige la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la desaparición de mecanismos administrativos lesivos para el magisterio, aumento salarial digno, jubilación justa y respeto pleno a los derechos laborales conquistados mediante décadas de organización y sacrificio. En el fondo, lo que está en disputa no es sólo una prestación o una mesa de diálogo, sino el sentido mismo de la educación pública y el lugar de los trabajadores en la vida nacional.
Por eso la CNTE incomoda. Incomoda a los gobiernos que quisieran un magisterio obediente; incomoda a las élites económicas que ven en la educación un negocio; incomoda a quienes prefieren el silencio antes que la protesta. Sus movilizaciones, marchas, plantones y bloqueos generan molestia en sectores de la población, particularmente en las grandes ciudades; pero habría que preguntarse con honestidad qué causa más daño al país: la protesta de los maestros o las políticas que destruyen derechos, precarizan la vida y condenan a la escuela pública al abandono.
La CNTE no está exenta de contradicciones, tensiones internas ni desafíos políticos. Ningún movimiento real lo está. Pero reducirla a la molestia vial o al conflicto coyuntural es una forma de negarle su profundidad histórica. La Coordinadora representa una tradición de lucha que viene de abajo, de las aulas pobres, de las comunidades olvidadas, de los maestros que enseñan en condiciones adversas y que, aun así, no renuncian a pelear por un país más justo.
En tiempos en que se pretende domesticar toda inconformidad y convertir la protesta social en delito moral, la existencia misma de la CNTE recuerda una verdad elemental: los derechos no se conceden graciosamente desde el poder, se arrancan con organización, conciencia y lucha colectiva.
La CNTE hoy sigue siendo, pese a campañas de desprestigio, represión y desgaste, una trinchera del magisterio democrático y una voz incómoda para el poder. Su historia no ha terminado. Mientras persistan la injusticia, el autoritarismo sindical, el deterioro de las pensiones, la precarización laboral y el abandono de la educación pública, seguirá habiendo razones para que la Coordinadora exista, resista y combata.