EXPROPIACIÓN PETROLERA HOY
José Piña Delgado
El 18 de marzo de 1938, el presidente de México, el general Lázaro Cárdenas del Río, consumó uno de los actos más trascendentes de nuestra historia: la Expropiación Petrolera. Mediante este decreto, el Estado mexicano recuperó para la nación el petróleo que era explotado por 17 compañías extranjeras que, amparadas en privilegios y abusos, controlaban de facto una de las principales riquezas del país.
Con esta decisión, México rompió las cadenas de la subordinación económica y afirmó su derecho soberano sobre el subsuelo y sus recursos estratégicos. La industria petrolera pasó a manos del pueblo, bajo control del Estado, garantizando que la exploración, producción y comercialización del hidrocarburo —en tierra y en mar— respondieran al interés nacional y no a la codicia de corporaciones extranjeras.
Los ingresos derivados del petróleo permitieron fortalecer las finanzas públicas, impulsar la industrialización y sostener programas sociales que transformaron la vida de millones de mexicanos. Fue, en esencia, una conquista popular respaldada por trabajadores, campesinos y amplios sectores del país que comprendieron que la soberanía no se declama: se ejerce.
Hoy, a casi nueve décadas de aquella gesta histórica, la Expropiación Petrolera sigue siendo un referente de dignidad nacional. En el contexto del gobierno de Claudia Sheinbaum y del proyecto político denominado Cuarta Transformación, la defensa de la soberanía energética vuelve a ocupar un lugar central frente a quienes pretenden restaurar la dependencia respecto de Estados Unidos o minimizar la importancia estratégica del petróleo.
Sostener que el petróleo ha dejado de ser relevante es desconocer la realidad geopolítica del mundo. Las grandes potencias continúan disputándose las regiones ricas en hidrocarburos, como ocurre en Medio Oriente, mientras que las naciones sin recursos energéticos propios enfrentan severas limitaciones económicas y presiones externas, como el caso de Cuba.
La lección de 1938 permanece vigente: un país que renuncia al control de sus recursos estratégicos renuncia también a su independencia. Por ello, la Expropiación Petrolera no pertenece únicamente al pasado; es una bandera de lucha permanente, un recordatorio de que la soberanía se conquista, se defiende y, si es necesario, se vuelve a ejercer frente a cualquier intento de sometimiento.
El petróleo de México —como lo proclamó el cardenismo— es y debe seguir siendo patrimonio de la nación y palanca del desarrollo al servicio del pueblo.
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