SI VILLA NO HUBIERA MUERTO
En esa tierra árida y extrema de Chihuahua, habita gente valiente y cercana a los liderazgos populares, ahí Francisco Villa echó raíces profundas. Aunque nació en Durango, fue en Chihuahua donde desarrolló gran parte de su participación en la Revolución Mexicana y donde incluso ejerció el gobierno, realizando obras en beneficio del pueblo.
Villa fue una figura central de la Revolución. Participó junto a Francisco I. Madero en la lucha para derrocar a la dictadura de Porfirio Díaz, quien había permanecido más de tres décadas en el poder. Tras el asesinato de Madero, se unió a las fuerzas constitucionalistas encabezadas por Venustiano Carranza y contribuyó decisivamente a la derrota del usurpador Victoriano Huerta en 1914. La División del Norte fue clave en la toma de Zacatecas, golpe definitivo contra el régimen huertista.
Después de la Convención de Aguascalientes se profundizó la ruptura entre Carranza y los sectores revolucionarios más cercanos a las demandas populares. El 6 de diciembre de 1914, Villa y Emiliano Zapata entraron al Palacio Nacional al frente de sus ejércitos, simbolizando el momento culminante del ascenso de las fuerzas campesinas y populares. Sin embargo, la lucha de facciones continuó y en 1915 Villa fue derrotado militarmente en las batallas de Celaya frente a las tropas de Álvaro Obregón.
Años después, tras nuevas tensiones políticas, Villa decidió retirarse de la vida militar. En 1920 firmó su rendición ante el gobierno provisional de Adolfo de la Huerta y se estableció en la Hacienda de Canutillo, en Durango, con una pequeña escolta. Aunque cumplió su palabra de mantenerse en paz, para muchos de sus enemigos seguía siendo una figura peligrosa.
El 20 de julio de 1923, Francisco Villa fue asesinado en Parral, Chihuahua, víctima de una emboscada cuidadosamente preparada. Diversas investigaciones históricas señalan que el complot contó con la participación de políticos y militares influyentes de la época.
Con su muerte desapareció uno de los líderes más emblemáticos de la Revolución Mexicana. Sin embargo, la figura de Villa permanece viva en la memoria colectiva como símbolo de rebeldía, justicia social y defensa de los pobres.
