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MI ESTANCIA EN MORELOS Y EL COMPROMISO COMO NORMALISTA RURAL
Profr. José Piña Delgado
Morelos nos ha dado mucho. Aquí vive y trabaja uno de nuestros hijos, médico de profesión, quien ha contribuido a nuestra sobrevivencia cotidiana. Pero también nos ha dado algo más profundo: el encuentro con la historia viva del campesinado y con el legado de Emiliano Zapata, cuya lucha sigue presente en la memoria de los pueblos y en la tradición de las escuelas normales rurales, particularmente en Amilcingo.
A finales de los años sesenta, el Estado cerró diecinueve normales rurales bajo el argumento de convertirlas en secundarias técnicas agropecuarias. En Morelos, la Normal Rural de Palmira —fundada en 1937— fue una de las afectadas. Su cierre fue violento: las alumnas denunciaron la irrupción de granaderos en los dormitorios y respondieron convocando a la huelga de las normales rurales del país.
Pero la historia no terminó ahí. En 1972, los pueblos de Amilcingo y comunidades cercanas impulsaron un movimiento popular para ofrecer alternativas a los jóvenes que, tras concluir la secundaria, sólo tenían como destino la migración. Con el impulso de la maestra Eva Rivera y del profesor Vinh Flores, egresado de la Escuela Normal Superior de México, nació la Normal Rural de Amilcingo, fundada en 1973 gracias a la organización comunitaria y la presión social. Finalmente, el secretario de Educación Víctor Bravo Ahuja aceptó su oficialización.
La Escuela Normal Rural General Emiliano Zapata de Amilcingo representa mucho más que una institución educativa: es un proyecto social que forma maestros para el campo y mantiene viva la vocación comunitaria de la educación rural.
Nuestra Normal Rural de Salaices, Chihuahua, también fue cerrada en 1969 por esa misma política. Sin embargo, su comunidad ha mantenido una lucha persistente por su reapertura.
Si las lecciones de la historia sirvieran realmente para no repetir los errores del pasado, valdría la pena invitar a la presidenta Claudia Sheinbaum a reflexionar sobre estos procesos históricos. Si se reconoce a Francisco I. Madero como un bastión de la democracia y como el “Apóstol de la Democracia”, también habría que recordar cómo Emiliano Zapata lo desconoció cuando no cumplió con la demanda fundamental de la Revolución: la restitución de la tierra a los campesinos.
Asimismo, desde Chihuahua, habría que recordar el ejemplo de Abraham González, pieza fundamental en el triunfo de la Revolución Mexicana de 1910 y quien, como gobernador del estado, combatió la corrupción y defendió los ideales revolucionarios.
La historia de las normales rurales sigue siendo, en esencia, la historia de la lucha del pueblo por educarse y defender su dignidad.
 
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