ASOCIACIÓN DE EXALUMNOS DE LA ESCUELA NORMAL DE SALAICES, A.C.
TESTIMONIOS DE LA CREACIÓN LITERARIA DE JOSÉ LUIS AGUAYO ÁLVAREZ
UNA BREVE PARTICIPACIÓN EN EL SEGUNDO ANIVERSARIO LUCTUOSO DEL CAMARADA AGUAYO
Marcelo Amaro Villalobos
La primera imagen que conservo en mi mente de la afortunada relación de amistad, compañerismo y coincidencias (o desavenencias, que también las hubo) en los caminos de la vida con el camarada Aguayo, es -ironías de la vida- un combate boxístico entre él y yo.
Habíamos llegado juntos al internado en septiembre de 1960 y por el apellido coincidíamos no sólo en la lista del salón de clases sino, como todos sabemos, en la mesa del comedor, en el dormitorio y en las comisiones diarias.
En alguna de esas tardes tediosas, seguramente por incitación de los más grandes, nos encontramos formando parte del cartel (NO CÁRTEL) boxístico que se desarrollaba en unas tapias ruinosas localizadas frente al monumento, donde después se construyeron las oficinas administrativas de la escuela.
Ya no recuerdo a cuantos rounds se pactó el combate, ni a cuál de los dos pugilistas (Aguayo o yo) se le adjudico el triunfo. (Se dice que es uno de los admirables mecanismos de auto-defensa del cerebro humano: borrar los recuerdos negativos).
Sin embargo, un criterio se formó en mi mente y ese sí, jamás se me ha borrado: José Luis Aguayo Álvarez era invencible. O para que se escuche menos “zalamero”, difícilmente se daba por derrotado. Conozco algunos casos más donde se podría aplicar con justeza esta afirmación pero no voy a mencionarlos aquí. Ustedes que lo conocieron igual o mejor que yo, podrán decir si es cierto.
Los años fueron transcurriendo con su inexorable ritmo acelerado, al igual que nuestras vidas. En el ejercicio de la actividad profesional nunca nos tocó coincidir en la misma escuela o zona escolar. Y otra vez, por las ironías de la vida, habíamos quedado en bandos opuestos cuando la vorágine de la actividad político-sindical nos llevó al enfrentamiento y la descalificación muchas veces infundada, hacia aquéllos que el día anterior habían sido nuestros amigos e, incluso, “carnales” en el internado.
Hacia finales de los 90´s el compañero llegó a trabajar a Juárez. Coincidimos en dos o tres reuniones de amigos, nada en especial. Pero el sí que traía algo especial que yo en ese tiempo no supe: en sus ratos libres, y preferentemente por las noches, según se desprende de sus muy interesantes narraciones contenidas en el libro “La Puerta de los Relatos” se dedicaba a recorrer las calles de nuestra aporreada ciudad “por donde han pasado todas las razas del mundo en su prisa por llegar a la frontera profunda”.
Ahí vio el destrozo descomunal. Habían abierto zanjas y destruido banquetas como si se tratara de un espantoso bombardeo. Pero la vida nocturna no se interrumpe. Nada detiene a esta ciudad de nadie, en la que todos somos venidos de otras tierras, todos con aire de fuereños y cansina determinación de caminantes.”
Entró a un restaurant de chinos viejos, donde encontró gringos y centroamericanos; parejas de enamorados seniles, traficantes de drogas, vendedores ambulantes y otros que como yo –dice Aguayo- no tienen un lugar donde pasar la noche.
En ese lugar también encuentra grupos de ancianos jugando dominó y ajedrez, cuyas piezas fingen morir ahorcadas, amarradas o ahogadas con el afán de prolongar la existencia de los jugadores, “cuyo destino se encuentra en jaque hace mucho tiempo”.
Este cuento al que me estoy refiriendo y que su autor llamó “PERSONALIDADES SECRETAS”, contiene tantos elementos y tan minuciosos datos de la, digamos, “historia secreta” o “impublicable” de nuestra sufrida ciudad, que yo no estoy seguro si efectivamente el compañero vivió esa noche de terror o si como suele suceder en la mayoría de los casos, se dejó llevar por la añeja leyenda negra.
Lamentablemente hoy es un poco tarde para aclararlo. Pero de cualquier manera es admirable la capacidad y habilidad que muestra al describirnos paso a paso sus andanzas en esa noche de invierno –suponemos-.
En la Avenida Juárez ve niñas a las que él imagina de preparatoria, que ofrecen su amor “por poquitos dólares”, elude a una palomilla de “rancholos” y se encuentra con un conocido: Es un coyote que lo lleva a pasar la noche en su casa, situada en un barrio donde “el grafiti se ha apoderado del mundo”.
En la calle observa a una solitaria mujer que repite hasta el infinito de su locura los movimientos rítmicos aprendidos en la línea de producción de la maquila.
Más adelante intercambia pláticas con una pandilla de matapolicías; mal dormita en lo que llamaríamos ahora una casa de seguridad repleta de aspirantes a mojados, de donde huye justo a tiempo, antes de la llegada de la policía y concluye su viacrucis nocturno en el lugar donde debe terminar todo relato que no quiera estar incompleto de la vida en esta ciudad fallida: Dormitando en la línea del puente.
“Donde se amotinan los cientos de hombres y mujeres negros, blancos y mestizos que salen de cabarets, bares y cantinas que pelean y discuten en diferentes lenguas”. De ahí se retira nuestro camarada porque “A las siete treinta deberá tomar la maleta y los libros para irse a la escuela”. Interesante… ¿No?
Es una descripción ruda de la ciudad sinónimo de pecado. Eso cuando la recorrió Aguayo; ahora suceden cosas peores, todos lo sabemos. Y más: Algunos afirman que el mismísimo Dios Padre al hacer su recorrido diario, vuelve el rostro hacia otro lado para no vernos y ya está considerando aplicar la “solución final” de Sodoma.
Ojala no cometa el mismo error porque si el propósito es acabar con los impíos y pecadores -malandros, decimos ahora- , en aquella ocasión seguramente morirían muchos hombres y mujeres que no lo eran, por no mencionar a los niños, que tampoco se salvaron. Al menos eso dice José Saramago en su libro “Caín”. Y en esta ciudad proletaria habitan miles y miles de mujeres y hombres justos; miles y miles de criaturas inocentes que anhelan vivir en paz.
Y podría seguir, compañeros, amigos aquí presentes. Porque Aguayo nos deleita en su “PUERTA DE LOS RELATOS” con otra pieza literaria cargada de bella prosa, ternura humanitaria y descripciones muy deprimentes del entorno geopolítico de la frontera en el que se desarrolla su “NIÑA DE GUATEMALA”.
Aprovecho un último minuto de su tolerancia para narrarles otro detalle de la gran amistad con la que me honró José Luis y que tiene también relación con su obra literaria.
Cuando Aguayo estaba en la elaboración de su último libro, “VIDA Y OBRA DE FERNANDO JORDAN”, se comunicó conmigo varias veces, insistiendo en que yo le aclarara una duda: Resulta que en el capítulo titulado “El Desierto” en la obra de Jordán, se hace mención a una comunidad pero no dice el nombre.
Aguayo insistía en que era ni más ni menos que SANTA ELENA, mi añorado terruño en donde viví mi infancia y parte de la adolescencia, y que yo lo he descrito como “El ultimo rinconcito del desierto chihuahuense”.
Así que me puse a leer y releer esa parte, con la esperanza de identificarla y pedir a José Luis que si iba a mencionar esa parte en su libro, señalara aunque sea por no dejar, que de ahí eran originarios ciertos amigos suyos. Escuchen la descripción que hace Jordán:
“Se llega una mañana a un rincón del Estado, allá en los límites de Coahuila y Texas. Es un poblado pequeño y desordenado color de tierra, en la que no hay un árbol ni para consuelo fisiológico de los perros hambrientos que corean un recibimiento de ladridos.
Están los hombres sentados, en la resolana del invierno. Se va a la escuela, donde los niños tosen bronquitis crónica y tiemblan de frio apretujados en torno a las mesitas donde aprenden la historia heroica que no comprenden; que no comprenderán jamás mientras sientan el frio en los cuerpos y el hambre en sus estómagos.
La maestra esmirriada y pobre, como los alumnos, explica “algo que les quitara el frío” pero poco es el calor del fuego para tanto viento cortante que se mete por las ventanas sin vidrios y la puerta sin batiente.”
Ante tan desolador panorama, preferí decirle que, en mi opinión, la comunidad descrita efectivamente pertenecía al municipio de Manuel Benavides pero no era Santa Elena, sino el Ejido de Providencia, muy cerca de ahí. Y así quedo señalado en el libro de Aguayo… Y es cierto.
… Y cuantas cosas más podríamos comentar de la vida y obra de este ilustre egresado de la Normal Rural de Salaices, misma que “Hoy se encuentra con las alas rotas/ Rodeada de hirientes abrojos…” etc., etc… como dice el compañero Alberto Hinojos en sus REMEMBRANZAS.
No me resta sino decirles que me siento muy honrado de haber contado con tan interesante auditorio para cumplir con un caro deseo de mi parte: Ofrecer con respeto y mucho afecto un humilde recuerdo al amigo que se nos adelantó un poco hacia la meta que todos un día llegaremos. Y poder decirle que mientras estemos sus amigos, Él, José Luis Aguayo Álvarez y sus obras, estarán presentes.
Ciudad de Chihuahua, 29 de febrero de 2012.
DOS ANÉCDOTAS DE MI COMANDANTE AGUAYO
Manuel Figueroa
UNA.- José Luis Aguayo Álvarez proviene de una familia luchadora, terca. El abuelo -don León Aguayo- es cofundador del ejido den El Porvenir. Otro tío, don Baltazar Aguayo, reunió sus bienes exclusivamente con recursos de gran esfuerzo; solía aconsejarles a sus hijos que resistieran hasta el último cartucho; y uno de los menores, Manuel, casi terminó la abogacía; después se hizo cargo de arreglar los problemas agrícolas y lideraba una vasta región del estado cuando José Luis fue representante de la Secretaría de Acción Campesina en Salaices y corriendo el tiempo ambos -tío y sobrino-, participan por la reivindicación de esos derechos, aún con diferentes corrientes de opinión y propuesta.
Aparte fue muy normal que en el pueblo donde viviera un Aguayo, éste representara alguna cosa de interés para los ciudadanos. Fue don Agustín Aguayo, padre de José Luis, quien respondió el discurso del compañero Andrés Rentería Duarte cuando fueron a El Porvenir, –se luchaba porque la SEP elevara su inversión en las escuelas normales rurales- en busca del apoyo y comprensión de los ejidos cercanos a la Normal. Siempre depositaron esos hombres su confianza en los estudiantes. Pero José Luis destacaba también por su ascendencia e influencia materna. Doña Julia Álvarez ayudaba a las mujeres a parir, era excelente partera, además de muchas otras cosas, siempre buscando el bien de sus semejantes.
Mujer excepcional, tenía para todas las cosas existentes y las que surgieran; una frase alegre, especial, por ejemplo; a los niños y jóvenes consentidos o chiples les decía “Tules” -Tules verules verijas azules-; encontraba un remedio para cada dolencia o enfermedad, se sabía los nombres de todas las plantas y hongos curativos. No fue casual que los maestros que acompañaron a José Luis en sus primeros años de docencia pudieron verlo por esos montes cargando su botiquín con medicinas.
Mas es en esa suerte de recuperación de su carrera -lo llamaremos así-, que Aguayo muestra su fuerza de carácter. Fue en su segundo año de secundaria, en Salaices: en el examen ordinario lo reprobaron en inglés. Asistió a otra prueba extraordinaria con los mismos resultados. Por aquel tiempo, incluso ahora, cualquier joven se habría retirado, de hecho algunos así lo hicieron pero no así Aguayo, estoy hablando de distintos arrestos.
El siguiente examen era a título de suficiencia; en El Porvenir sacaban a relajo el asunto: Han de querer que “El Colis” -cariñoso alias como lo nombraban algunas gentes del Porvenir- regrese hablando ingles de corrido como cualquier gabacho.
Coincidió que por aquel entonces llegó un maestro de inglés a Salaices de muy especial manera de llevar su docencia y trato con el alumnado, incluso personal, pues aplicaba en su enseñanza una dureza innecesaria por que amaba la forma de vivir norteamericana; y por el simple hecho de enseñar el idioma de tal gente que tanto admiraba, quería mirarnos como las suertudas bestias que al fin se nos había puesto en nuestro destino aquella semejante fortuna; obvio, los reprobados no alcanzaban el ínfimo escalón de aquellos considerados normales y Aguayo estaba apuntado al último examen: Título de Suficiencia.
El Chicharrón -alias que el maestro adquirió en Salaices- era de esa especie de profes que se frotan las manos cuando van a desgraciarte la existencia, porque el esfuerzo del chico era indiscutible, sumaban demasiadas pruebas, exagerado arguende de suficientismo, ni duda quedaba de la total aplicación del muchacho al estudio, sólo que el inglés no se le daba, esa era la verdad. Fue entonces que la despierta o desesperada situación de Aguayo advirtió una extraña predilección del maestro hacia un animal de corral: el cócono, y presto y con pasmosa rapidez lo consigue.
En un santiamén iba el muchacho con su guajolote por toda la carretera, optimista, animoso.
DOS.- En el ISSSTE de Chihuahua capital los médicos tenían un dilema. La bala que había entrado a la altura de la boca, corrió en dirección a la clavícula derecha para terminar incrustándose cerca de una vértebra de su espina dorsal. Además de incrustarse, el proyectil ahora era un riesgo, Aceves pendía de aquella decisión.
Mas era gracias a José Luis Aguayo que la lucha por la salud de Aceves cuajaba, sin imaginarse qué hubiese pasado si no le presta atención.
Sucede que al ser herido de un balazo en su comunidad, Aguayo ya no lo desampara y consigue una camioneta para trasladarlo él mismo a Chihuahua, mas durante el trayecto observa que el herido se va desangrando y decidido le aplica una inyección para detener un poco la salida del líquido hemático, lográndolo; mas, cuando llegan al hospital y Aguayo pone el herido en manos quirúrgicas, Aceves lleva enorme bola… se le han hecho tres pompis, ¿se entiende cómo?
CARTAS DEL PROFESOR JOSÉ LUIS AGUAYO ÁLVAREZ AL PROFESOR JOSÉ IGNACIO CÁRDENAS ALVARADO
Amigo Nacho:
Sé que has trabajado duro en los asuntos que me haces el favor de atender. El programa que tenemos es muy vasto; estaremos en el Valle de Allende el día domingo 13; el día 14 saldremos a Torreón porque muy temprano el 15 iremos a Nieves, Zacatecas a presentar mi libro; regresaremos el mismo día a Torreón para trabajar la reunión del día 16. Yo me regreso el mismo día a Chihuahua, porque tengo que salir para Ciudad Juárez el día 18.
Una gira así no la hago desde los viejos tiempos estudiantiles o de la época loca de los 70, 80, 90, tal vez tengas tiempo para acompañarnos a Nieves donde serás bien recibido con tu guitarra acuestas.
Quizá puedas regresarte conmigo a Chihuahua para estar en Ciudad Juárez el 18 y reunirte con Vicente en aquella frontera o tal vez él te invite para que lo acompañes desde Torreón; es una bronca muy grande ser tan útil, tan buen compañero, cantante, etc.
La nueva cuenta del banco Banamex es 5177 1200 3207 8091
Me cuentas que te sientes contento con la publicación de tu trabajo. Aquí varias personas me han reclamado por la equivocación del nombre en aquel retrato, algunos me culpan a mi y otros al periódico; es natural que quieras leer y que otros conozcan nuestro trabajo, pues una vez que las cosas se escriben toman una dimensión distinta, viven y se pueden comunicar con mayor facilidad. Es un orgullo que alimenta nuestra vanidad cuando vemos escrito algo bonito, sencillo y favorable. Debes lucir cuantas veces y cuantos lugares puedas estos escritos que son reflejo de tu arte; no es negativo que otras personas sepan que entre nosotros, sencillos profesores, hay valores sumamente importantes y de gran dignidad. No dejes de comunicarme.
Saludos. Aguayo.
Chihuahua, Chih., 19 de agosto de 2003.
Amigo Nacho:
Espero que estés metiéndole ánimo a la vida, fuego a la caldera, candela a la existencia… Es la mejor manera de transcurrir la existencia.
En ratos yo me quiero rajar, dejar todo a un lado y dedicarme a vivir por ese sólo hecho, llevar una vida sin actividad, visitando los doctores todo el tiempo y esperar la justicia de un buen infarto. Pero no nací para esa vida; pronto me convenzo de que es necesario jalar la carreta un poco más.
Félix y Molina, mis hermanos, se han especializado en comentar mi libro. Sus voces se han escuchado en Parral, en Juárez y dos veces en Chihuahua. No sé qué sería de mi sin ellos dos, que están en los principales actos de mi vida.
Cuando escribes un primer libro te convences de que escribir es un arte; cuando haces dos o tres, dices que escribir es un oficio como quebrar piedra o clavar zapatos… Cuando escribes cuatro o cinco sin lograr el éxito, caes en la cuenta de que escribir es un calvario, una cruz que debes cargar siempre cuesta arriba. Creo que aquéllos que logran buenas becas no tienen esa percepción.
Estoy trabajando en tu apreciada persona para el primero de septiembre; tengo ya dos trabajos respecto a la música, quisiera emocionarme con el trabajo de ustedes para sacar un artículo que realmente sea bonito, reza por ello. Mi condición física no está para fiestas; no he participado casi en nada, pero mi cartera ha sudado feo con tanto gasto que inventan.
Sirva de corolario la fastuosa noticia para expresar mi solicitud de que me envíes lo que hayas vendido, salvando una cantidad para ti, de ello ya hablamos. Si algo puedes, que sea la próxima semana que es cuando andaré juntando botes, como se dice por acá.
Nacho, amigo, el pueblo está contigo.
Recibe por ello la alegría de mis saludos. José Luis.
23 de agosto de 2003.
Amigo Nacho:
Me trae gratos recuerdos el dibujo de Helguera y la copia que encontraste. Me sucede algo con esas coplas, me salen más o menos bien.
En un programa cultural en Chihuahua, acudía a un evento de poesías en una cantina que se llama LA ANTIGUA PAZ; una de las mujeres poetas se puso a llevar personas al foro para que improvisaran algunas palabras o poesías; por más que me escondí detrás de una cerveza, me localizaron y tuve que pasar. En el camino se me ocurrieron un par de coplas que después vi impresas en una revista donde se balanceaba la jornada cultural. Algún día te las voy a decir.
Agradezco que te hayas metido en esos barrios de pavor para llevar la carta. Me preocupa que esas personas en realidad vayan a realizar la reunión de los Salaices para el día 16 de octubre a las 6:00 en el hotel Nazas de Torreón, por ello te pido uno más de los muchos favores que te debo:
Que tomes el directorio de Torreón, Gómez y Lerdo si puedes, y les llames a los Salaices y Salais para decirles que en esa fecha vienen unos investigadores de EEUU apellidados Salaices en busca de sus raíces y que los invitan a una reunión. Es la única forma como podemos tener cierto éxito en esa ocasión, de lo contrario fallaremos.
Tengo miedo frente a estas actividades, pues llevo la vida con un sistema más o menos preciso donde aseguro mi trabajo y mi descanso. Así quisiera vivir hasta el descanso final y la presencia de otras personas y programas tan intensos me asustan.
Bueno, Nacho, pues ahí te dejo. Hoy deposito tu sobre con los periódicos en los Estrella Blanca.