A pesar de que varios de mis amigos y exalumnos me habían sugerido durante años que escribiera mis memorias, nunca había querido hacerlo; no porque no las tuviera, sino porque no quiero aparecer como ególatra, altivo, soberbio o algo peor.
Lo que sí debo dejar asentado es que pese a que hubo victorias o éxitos en mi vida de docente, cometí muchos errores, fallas u omisiones; mas nunca con mala intención, sino que mis limitaciones marcaron el lindero de cuanto hice o dejé de hacer. Y ahora cuando estoy preparado para pedir perdón a todas aquellas personas a quienes lastimé de alguna manera, hoy públicamente y sin ninguna reticencia, les pido perdón por no haber hecho y dicho lo que debí hacer y decir, y por haber hecho y dicho lo que no debía.
Y bien, mi nombre es Rogelio Tabares Mercado, nacido en el ejido de Santa María, Municipio de López, Chih. Hijo de José Tabares García y Aurelia Mercado Luján, ya fallecidos; ambos trabajadores de la tierra; por lo que un servidor desde su más temprana edad aprendió los quehaceres propios de los ejidatarios. Es más, mi abuelo materno me hizo ejidatario cuando yo tenía 10 años, al heredarme su Título de Derechos Agrarios, función que desempeñé a cabalidad en 1954, al levantar una cosecha de maíz que superó a la de muchos ejidatarios ya adultos.
Mi educación primaria la hice en el propio ejido, bajo la docencia de mi emérito y siempre bien recordado Profr. Jesús Vásquez Maldonado, a quien honro en este espacio por haber logrado la primera generación de sexto grado en la historia de mi comunidad, y que además nos impulsó a ser lo llegamos a ser en toda nuestra vida profesional.
La moral, el amor al trabajo y al estudio, la responsabilidad, la honradez, etc., fueron el cuño de nuestro desempeño laboral, mío en lo personal y de mi casi hermano, Oswaldo García Tabares. Honro pues aquí al buen hijo de Estación Dorado, Chih. Él mismo me impulsó a presentar el examen de admisión en la otrora Normal Rural “Abraham González” de Salaices, Mpio. de López, Chih.
Egresé de primaria en junio de 1954. Luego de haber hecho mis estudios de Normal Básica, egresé en 1960, junto con varios compañeros que como estudiantes le habían dado renombre a la Normal.
Mi primer trabajo lo realicé durante tres años en Norogachi, hoy Mpio. de Guachochi, lugar donde hacía 18 años no había escuela. Ahí me desempeñé como director y maestro de grupo. Como no había edificio escolar, en la primera reunión ejidal que me tocó estar presente, solicité nos cedieran un local sin estrenar y que habían construido para Presidencia Seccional (un salón grande y dos cuartos en sus extremos). Me fue concedida la petición.
El trabajo lo compartí con el Profr. Alonso Quezada Lara. En la primera reunión con los padres de familia, al llegar éstos a la escuela, me encontraron montado en una motoconformadora, nivelando y acondicionando el terreno para espacios deportivos. Ahí establecimos una cancha de básquetbol y otra de volibol. Gestionamos ante CAPFCE dos aulas y en febrero de 1961, las inauguramos. Tuvimos la oportunidad de egresar la primera generación de primaria en la historia de Norogachi. Por ahí se desempeñan como profesionistas algunos de esos egresados.
Hay dos anécdotas: en febrero de 1961 se presentó en mi salón una persona que por su atuendo deduje era sacerdote, y me dijo: “Vengo a que me prestes a tus alumnos porque empiezan las prácticas cuaresmales”. Mi respuesta fue que lo máximo que podía permitirle era que invitara a los chicos, y que luego de salir de clase, y si sus padres se lo permitían, que asistieran a donde él les pedía. Era el Padre Díaz, jesuita, máximo jerarca de las Misión de la Tarahumara.
Otra anécdota fue también con un sacerdote que pronto sería ordenado, nativo del pueblo y hermano de dos de nuestros alumnos. Éste llegó a visitar a sus padres y Bertín Herrera, uno de sus hermanos, me invitó a conocerlo. Y luego de presentarnos, me inquirió: “¿Qué dicen esos libros de texto único?” Mi respuesta fue: “No son únicos, sino un obsequio del Gobierno Federal, ya que jamás un niño de estas latitudes ha conocido y tenido uno propio. Son gratuitos”. Luego Valente Herrera, que así se llama el sacerdote arremetió: “¿Y de la moral, qué me dice? Mi respuesta fue: “Hablemos de moral, ¿cuántos años tienen ustedes aquí? Más de 120. Y ¿Por qué sabiendo ustedes leer y escribir el 80% de los habitantes de este pueblo son analfabetas?, ¿a eso le llaman ustedes moral? Nosotros tenemos unos meses y la gente ya ha aprendido a comportarse y a respetar a las familias en los festivales y eventos sociales, ya no hay las balaceras y pleitos dentro de los locales de recreo”. Luego él me dijo: “Ahí la dejamos profesor…” Mi respuesta fue: “Yo no la empecé, termínela cuando usted quiera…” Y pasamos a otra cosa.
Días después estábamos jugando dominó y básquetbol.
En septiembre de 1963 pasé a laborar en la comunidad de Salaices como director y maestro de grupo; en dos años con el mismo grupo, logramos que éste fuera el mejor de la zona escolar.
Como laborábamos en salones viejos y no apropiados, hice el viaje a México a gestionar ante CAPFCE la construcción de una escuela; por razones burocráticas la escuela se construyó tres años después.
En octubre de 1965 pasé a laborar a la Escuela Primaria “Benito Juárez” de Cd. Jiménez. Ahí me encontré con mi amado Profr. Jesús Vásquez Maldonado, quien era el director. Me asignó el quinto grado y al año siguiente pasé al sexto; en 1967 logré que los 13 primeros lugares en la Escuela Secundaria “Miguel A. López”, los ocuparan alumnos míos y una alumna de esa generación ocupara el primer lugar en el examen para ingresar a la Normal de Saucillo. Otro más se coló en el décimo a la Normal del Estado.
Por razones de movimientos administrativos ocupé por un semestre la dirección de esta escuela con 13 grupos, mientras seguía siendo el profesor de sexto grado. Era además el secretario general de la Delegación. Esta posición me permitió conectar a la Delegación con los diversos sindicatos de la región: taxistas, ferrocarrileros, estibadores, molineros, de los cines. Fue tal la influencia, que el entonces presidente regional de la CTM, Cayetano Meléndez, me hizo su asesor. Y en el año de 1966 fui nombrado secretario de los festejos del Primero de Mayo. Nunca antes los maestros habían participado en un desfile y un festival de los trabajadores.
En este mismo tiempo, por la influencia que logramos entre los líderes ejidales de la región, los profesores Francisco Romero Apodaca, inspector de la zona escolar, Ricardo Muñoz Acosta (exsalaicino) y un servidor, logramos integrar la Asociación de Ejidos de Jiménez (5800 ejidatarios). Su primer comité estuvo integrado, entre otros, por Ramón Ramírez, de Villa López y Manuel Aguayo, de Madero. Los frutos de esta organización fueron, entre otros, la construcción de la presa sobre el Río Florido y su sistema de riego, la perforación de pozos como medida emergente en varios ejidos (tres de ellos aún funcionan en el ejido de Santa María, de donde yo soy originario).
En estos andares conocimos a José Viezca Ruiz, quien tenía un proyecto ejidal muy ambicioso. Ricardo Muñoz y un servidor nos involucramos y en marzo de 1970, estando yo en Sonora, y que de ello hablaré luego, en marzo de 1970 tomamos la tierra (1200 hectáreas, producto de ranchos que el entones Banco Agrícola retenía como embargados a raíz de la quiebra por el desplome del precio del algodón en 1955. El ejido “Héroes de la Revolución” llegó a prosperar tanto que esas hectáreas estuvieron regadas por 18 pozos electrificados, hubo maquinaria agrícola de toda capacidad, se le dotó a cada ejidatario de un cuarto de hectárea donde edificaron sus viviendas con agua luz y drenaje y un área para huerto familiar).
El día primero de enero de 1968 pasé a laborar en la que fuera Escuela Normal Rural “Abraham González” de Salaices, Chih. . Yo aún estudiaba la carrera de Pedagogía de la Escuela Normal Superior de México de donde egresé en agosto de 1971. De todo cuanto sucedió con mi desempeño laboral ahí, prefiero que sean los propios exalumnos quienes hagan la referencia. Hice lo que sabía y podía hacer. Edificamos el monumento a Abraham González. Hicimos trabajo social en La Porreña, donde terminamos la casa del maestro, construimos letrinas para la escuela, la remodelamos, hicimos adobes para ayudar a ampliar viviendas a los ejidatarios, ayudamos a un señor de apellido Gallardo a construir su casa, etcétera.
Cuando en 1969 Salaices fue cerrada como Normal, un servidor se opuso y nos involucramos en formar comités de apoyo en la región. Los villalopenses tienen una anécdota que contar por que el día que se integró el comité fueron encarcelados. En la defensa de Salaices estuvimos Ricardo Muñoz Acosta, José Luis Aguayo Álvarez y Rosa Holguín, y desde luego los habitantes de las comunidades aledañas. No vi a algún exsalaicino más.
En septiembre de 1969 estuve por tres semanas en la Normal de Saucillo, ya que por los acontecimientos de Salaices, me llegó el cese. Me movilicé a México donde se me confirmó. Le dejé el caso a mi querido amigo y reconocido Profr. Amador Hernández, a quien honro en mis recuerdos por su rectitud y trabajo sindical.
Cuando me entrevisté con el Profr. Amador en México, me dijo: “Hiciste lo tenías que hacer (en referencia a la defensa de Salaices), pero por el momento Ramón (Bonfil, quien era el Director de Normales) está muy encabritado por lo presionado que lo tiene Gobernación; déjame tu caso y yo picaré piedra”. Yo permanecí en Saucillo y las muchachas me dijeron que siguiera asistiendo al comedor, que me regalaban la comida. Gracias a quienes en ese tiempo dirigían el Comité de Raciones.
A principios de noviembre del 69, me llamó el Profr. Amador y me dijo: “Tu asunto se resuelve, pero no en Chihuahua: dime a dónde te vas: Zacatecas, Durango u otro estado”. Le dije que a Sonora y le pedí que me gestionara la radicación de mis sueldos. Lo cierto es que el día 13 de noviembre de 1969 hice acto de presencia en la Escuela Normal Rural “Plutarco Elías Calles” de El Quinto, Mpio. de Etchojoa, Son.
El Profr. Juan Salazar, director, me asignó a la casa del Profr. Manuel Morín Covarrubias, subdirector del plantel, quien en el acto me preguntó de dónde y porqué me habían asignado ahí. Se lo expliqué. Luego me preguntó por Amador Caballero y cuáles eran mis relaciones con él y mi opinión. Ya luego me dijo que habían sido compañeros en el Comité Nacional de la FECSM. “Esa es tu carta de presentación”.
Amador Caballero y yo habíamos coincidido en la posición respecto de la huelga de 1967, y nos identificamos plenamente. Al final de la huelga él y Pepe Villanueva nos visitaron en Jiménez para felicitar a los compañeros por su firmeza en la experiencia sindical que habíamos vivido.
El Profr. Morín me comentó que él, Alfonso Valdez Quiroz y Manuel Flores Dávila estaban iniciando una escuela secundaria por cooperación y pretendían fuese agropecuaria, dadas las características de la región. Esto era en la comunidad de San Pedro a unos 5 Km. de ahí y que necesitaban a alguien que se sumara al proyecto. Me ofrecí y al día siguiente estaba frente a un grupo de 61 alumnos impartiendo Español e Historia: esto, luego de cumplir con mis obligaciones como maestro de materias pedagógicas en la Normal; lo mismo que había hecho en Salaices y en el cortísimo tiempo en Saucillo.
Los profesores mencionados habían ya constituido un Patronato; habían hecho un censo de egresión de las escuelas circunvecinas, así como un croquis en distancias y posibilidades de traslado de éstos a la escuela. Faltaban comprobantes de factibilidad de conexión de agua, luz y drenaje, más la consecución del terreno para construir la escuela y realizar las labores agrícolas correspondientes. Esto último quedó resuelto en la reunión que tuvimos con los ejidatarios en el cine de Mario Miranda en Chucarit, otro pueblo aledaño a San Pedro, Río Mayo, Sonora.
Cuando juntamos todos los documentos debidamente protocolizados, solicitamos audiencia con el gobernador de Sonora, Sr. Faustino Félix Serna, quien, al mostrarle todo cuanto teníamos, se comprometió a construir totalmente la escuela y nos lo dio por escrito. “El gobierno a mi cargo se compromete…” Y cuando ya en enero de 1970 teníamos toda la documentación, que a nuestro juicio era la necearía, el Profr. Morín se trasladó a México y consiguió una entrevista con el Dr. Héctor Mayagoitia Domínguez, director de Enseñanza Tecnológica. Ya en su presencia, le mostramos los documentos y la solicitud de federalización de la escuela. Cuando vio cuanto llevábamos, nos dijo: “Sobre estas bases vamos a sembrar el territorio nacional de escuelas agropecuarias. ¿Quiénes son ustedes?” Le dijimos y nos declaró: “Profesores como ustedes son los que necesitamos; vénganse con nosotros, nada más que sólo uno de ustedes quedará en San Pedro. Su escuela es la 179”. Ahí los compañeros dijeron que fuese yo el que me quedara en San Pedro; los otros tres supervisarían las escuelas secundarias con internado que habían quedado de las Normales. De esta forma quedé oficialmente como el primer director de la escuela de referencia. Y allí estuve hasta enero de 1972 como director y maestro de Español. Se construyó la escuela y la rodeamos de un sin fin de apoyos hasta convertirla en una institución de suma demanda, funcionando en todos sus anexos. Sé que ahora la dirigen y se desempeñan como maestros, exalumnos de dicho plantel.
Al finalizar enero de 1972, el Ing. Rogelio Beltrán Silva, coordinador de internados en la República, por instrucciones del Ing. Manuel Garza Caballero -director de la Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria (DGETA)-, me invitó a Roque, Gto. a revisar una serie de documentos producto de un conflicto de huelga que había durado tres meses. Luego de revisarlos di mi punto de vista y se reestructuró la escuela nombrándose un director y tres subdirectores. A mí se redesignó como subdirector académico. Ahí me volví a reunir con mis conocidos compañeros Alfonso Valdez Quiroz y Manuel Flores Dávila. Lo que ahí se produjo fue tanto que se escribiría un libro.
Lo que sí quiero dejar asentado es que aquella pregunta que en Sonora se hiciera el Profr. Morín, cuando fundábamos la escuela en San Pedro, “¿Qué tan revolucionario será que impulsemos la creación de este tipo de escuelas?” Y que nuestra respuesta fue: “¡Claro que lo es, ya que la educación secundaria llegará a los lugares donde nunca antes ha existido, además de que los hijos de los campesinos aprenderán a procesar los productos propios de su medio!” Entonces en Roque se enriqueció este concepto al definir este tipo de educación como científica, humanista, técnica e histórica. Surgen ahí los fundamentos de las Cooperativas Escolares, las Academias por área de conocimiento, el Reglamento de la prestación del servicio social para los CETAS, los perfiles de desempeño, desde el intendente hasta el director de cada escuela, etcétera. Tuve la oportunidad de conocer gran parte de la República, ya que al distribuir a los alumnos en las diferentes escuelas del país a mí me tocó supervisar las escuelas de San Luis Potosí: Santa María del Río, Cerritos, Cidral; y en la huasteca, Río Verde, Tanquián de Escobedo, San Vicente Tancuayalab y Valle del Naranjo (ésta la inauguré en representación y por indicaciones del Ing. Garza; también la de Galeana, N. L. Yo impartía a los alumnos Metodología de la Ganadería y Didáctica General, además de ser el Subdirector Académico, como quedó asentado).
Cuando en junio de 1972 entregamos al Ing. Garza todos los documentos que ahí se produjeron, nos felicitó. En lo personal aproveché la oportunidad para pedirle me permitiera fundar la ETA de Cd. Guerrero, Chih. El Ing. Garza me extendió el nombramiento para el caso. En Cd. Guerrero me desempeñé además como director y maestro de Español. Esta escuela la construyeron en su totalidad los manzaneros del Papigochi. Ahí creamos dos huertos con seis mil manzanos. El Ing. Luis Gameros, de CONAFRUT, nos apoyó con asesoría técnica y maquinaria. Hicimos excelentes experiencias al rodear a la escuela de todo tipo de apoyos y reconocimientos. Hasta la fecha tenemos amigos en esta ciudad, y los egresados como profesionistas influyen en el desarrollo social donde se desempeñan.
En lo personal, en diciembre de 1972, junto con José Luis Aguayo, Alberto Heredia y los profesores Rascón y Solís, fundamos la colonia popular “Genaro Vásquez” (hoy Benito Juárez) en la ciudad de Cuauhtémoc. Y junto con Aguayo, anduvimos recorriendo varios ejidos de la región, apoyándolos a resolver una serie de problemas añejos. En este caso, como en el de San Pedro, Río Mayo, Son, le brindé la oportunidad de desempeño laboral a varios compañeros. En este tiempo fui reiteradamente invitado a laborar en México en la Dirección General; al no poder por los compromisos contraídos, recomendé al Prof. Carlos Acosta Lozano para que fuera en mi lugar.
Ya en septiembre de 1974, por indicaciones del Ing. Garza Caballero, me llamó el Prof. Everardo Velasco Delgado, subdirector técnico de la DGETA, para que les ayudara a ponerle esencia y rumbo al CETA 2 de Cd. Delicias. Mi única condición fue de qué lo haría con el apoyo de ellos. Y así, el primero de octubre de ese año, me hice cargo de dicha institución. Había que romper vicios y componendas, tales como: personas que cobraban en las instituciones y jamás dieron una clase; robo de leche de la sala de ordeña y de lechones. Había el vicio donde los directivos de la sociedad de alumnos, coludidos con un profesor, tenían el negocio de hacer un baile cada fin de semana y la publicidad la hacían a nombre del CETA. Mi presencia no fue bien recibida por los “afectados” y por otros de fuera del plantel; su mentalidad feudal les impedía aceptar que un desconocido como yo, y militante de un partido de izquierda, dirigiera esa escuela que ellos “tanto querían”.
Mi trabajo fue poner en práctica lo que se había elaborado en Roque: integración de la Cooperativa Escolar, la prestación del servicio social de los alumnos, el funcionamiento de la Sociedad de Alumnos, la integración de la Asociación de Padres de Familia y el rendimiento mensual de cuentas de todo cuanto ahí se hacía. Además me presenté con el entonces presidente municipal, Lic. Fernando Baeza Meléndez, quien en el acto se comprometió -y lo cumplió- a construir la primera cancha de básquetbol que tuvo la escuela. Y el señor Enrique Bergés Castellanos, tesorero municipal, regaló la primera Bandera Nacional que tuvo el plantel. Con ello, pudimos hacer honores al Lábaro Patrio y entonar por vez primera el Himno Nacional.
Por primera vez el 20 de noviembre de 1974 el CETA 2 participó en el desfile cívico y el uniforme que diseñamos para los alumnos aún se conserva: guinda y blanco. Por primera vez se participó en la feria regional y el stand del CETA obtuvo un diploma como el más espectacular y apropiado para el caso. El resultado de todo este trabajo fue que la escuela se convirtiera en la de mayor demanda; de 10 grupos que había cuando llegué, al año siguiente aumentó a 24 (140% más). Hube de contratar para el caso un buen número de profesores e ingenieros.
El día 19 de marzo de 1976, a insistencia del Ing. Garza y del propio Profr. Everardo Velasco, se me designó supervisor de las 23 escuelas agropecuarias que había en el Estado de Chihuahua. Echamos a funcionar las Academias por áreas de conocimiento y la de directores. Se conformó un buen equipo de trabajo y las escuelas las pusimos al 85 % de eficiencia académica y la productividad al tope, según las capacidades de cada una.
En eso estábamos cuando los efectos de la asonada Jonguitudista del 22 de Septiembre, llamada “Vanguardia Revolucionaria? Del SNTE”, llegaron como las hordas de Atila y todo lo corrompieron y lo destruyeron. Margarita Moreno Mena, entonces secretaria general de la Sección Octava del SNTE, le dijo al entonces director de la DGETA, Dr. Rolando Delasse Macías: “El profesor Rogelio Tabares es un serio obstáculo para la implementación de Vanguardia en el Estado de Chihuahua, y muy particularmente en las escuelas agropecuarias; retírelo del Estado”.
Fui llamado a México y en un desayuno al cual se me invitó, el comisionado para el caso, me dijo: “Vente a México y te damos un buen puesto; nombras a tu esposa como tu secretaria y para que no batalles donde vivir, te pagamos una casa”. Ni siquiera pregunté quiénes eran los de “te pagamos”.
Me sustituyeron y me suspendieron de todo puesto por un periodo de ocho meses. Todo esto fue el caldo de cultivo para los inconformes del CETA 2 y amigos que los acompañaban y se prestaron para ser los promotores de la salida de 10 compañeros de dicho plantel, acusados de ser un peligro para la institución y de paso me envolvieron en el paquete, ya que yo era un “Judas de la educación” y un peligro para la estabilidad del CETA. De tal suerte que la envidia, la codicia, la sevicia y el afán de verme humillado, cristalizaron y junto con Carlos Riojas Bernal, le hicieron una buena faena al CEN del SNTE y a su dueño en turno, José Luis Andrade Ibarra.
Lo que a la fecha no han asimilado estos peones a sueldo es que con ello daban el estoque final no a Rogelio Tabares, sino al Subsistema de Educación Tecnológica Agropecuaria. De 1300 alumnos con que les dejé una escuela reputada, luego de su movimiento de “defensores del CETA 2”, en junio de 1978 y al año siguiente sólo lograron inscribir a unos 280 alumnos. Les sobraban alrededor de 500 horas. ¿Eso querían? pues merecen un Diploma porque así pasarán a la Historia de la Educación en México.
Luego de gestiones y viajes a México, se logró que José López Portillo, entonces presidente de la república, y por intervención del Comité Central del Partido Comunista Mexicano, dio instrucciones de que se nos reubicara donde nosotros quisiéramos, sin perjuicio de nuestro derechos laborales. Lo cierto es que a mí se me despojó de mi plaza que tenía en propiedad como director de CETA y de 16 horas de compensación, porque en aquel entonces no había viáticos. Jamás se me restituyeron a pesar de los discursos demagógicos de los líderes posteriores a Margarita Moreno. Me jubilé con 42 horas de secundaria.
La persecución no paró ahí; se me levantó un acta administrativa, burdamente elaborada. Esa “responsabilidad” me ayudó a solventarla el Lic. Saúl González Herrera. Al cabo de un año de escritos que iban y venían y la argumentación, finalmente se me concedió un amparo por la Justicia Federal, donde se emplazaba a toda autoridad hacendaria por improcedente, el acta referida. En todo esto no eran ajenos los “defensores del CETA 2”.
Finalmente se me asignó a la ETA 21 de Lázaro Cárdenas, Chihuahua, donde me desempeñé como coordinador académico los últimos doce años de mi desempeño docente. Todavía ahí, por mandato de Margarita Moreno y Carlos Riojas Bernal, tres auditores se presentaron a exigirme que devolviera tres años de sueldo. No reconocieron los documentos oficiales que les presentaba. Tuve que ir a México y el Prof. Vicente Oria Razo, quien había sido subdirector de la DGETA y quien reconociera mi desempeño -y que para entonces fungía como asesor técnico del Ministro de Educación- me recomendó al Departamento Jurídico de la SEP para solventar la demanda referida.
Debo decir que en la Secundaria Técnica 21 de Lázaro Cárdenas formé parte de un buen equipo de compañeros y logramos colocar a esta escuela como la mejor del estado. Logramos un ascendiente y una influencia que aún nos recuerdan con gran reconocimiento y afecto los padres de los alumnos que atendimos. Autoridades de México vinieron a confirmar lo que esa escuela era. En 1984, los padres de familia nos tomaron en cuenta para fundar el Colegio de Bachilleres, del cual fui profesor y director a petición de los padres de familia, trabajo que alternaba con el de la Técnica.
Fue ahí donde diseñaba metodologías para las diversas materias. Un profesor, que luego pasó a laborar en la Normal de Saucillo, usaba los materiales que logré producir en la Secundaria Técnica y me pidió ir a unos grupos de sus alumnas, a explicar detalladamente lo que yo asentaba. Para entonces ya me había jubilado.
Finalmente, y a los 51 años de edad, me jubilé en 1990.
Habría mucho que decir:
Siempre fui sindicalista. De la Delegación de Maestros Jubilados a la que pertenezco, fui uno de sus fundadores y su primer secretario general. Siempre milité políticamente en la izquierda y dirigí al Partido de la Revolución Democrática (PRD) por doce años consecutivos. Aquí en Delicias fui el primer regidor que tuvo este partido. Participé hasta en tres ocasiones como candidato a la presidencia municipal. Fui dirigente social en Cuauhtémoc, al fundar la Colonia “Genaro Vásquez” y la “Lucio Cabañas” en Jiménez. Participé en la formación y colectivización del Ejido “Héroes de la Revolución” de Jiménez y de la Unión de Ejidos de Jiménez. Del primero fui asesor por quince años.
He sido columnista de los periódicos “El Heraldo de Chihuahua” con temas pedagógicos. En “El Diario”, hasta por tres temporadas. Primero con temas políticos y luego con temas de valores, tales como el carácter, la identidad, la autoestima, el liderazgo y unas siete docenas de temas parecidos. Hoy, en mi carácter de coordinador del Programa de Seguridad Escolar y Escuela Segura, doy conferencias a padres de familia, a alumnos y maestros en la región centro- sur del Estado.
No puedo dejar al margen decir que soy cristiano y que pertenezco la congregación más grande y numerosa de la ciudad donde vivo. Ser cristiano no es en manera alguna ser religioso, sino que es un estilo de vida, de cómo tener un espíritu de amor, de poder y de dominio propio para enfrentar toda adversidad y salir victorioso. Estuve sentenciado a muerte por una insuficiencia renal y Dios me libró trayéndome un riñón con el que vivo trasplantado desde hace siete años. Lo maravilloso es que me fue anunciado hasta en dos ocasiones que tendría nueva vida, y la tengo. He visto y he sido parte de muchos milagros que resultaría largo enumerarlos. La esposa que ahora tengo (la primera perdió la batalla contra el cáncer), es producto de un milagro. Pertenezco también a una Asociación Civil y soy parte de un proyecto educativo que va desde el nivel maternal, kinder en sus tres grados, primaria y en enero comenzamos la construcción de la secundaria; dicho edificio se pretende sirva a la preparatoria. Originalmente fui designado director, sólo que por una infección renal que me mantuvo primero en el hospital y luego en reposo, la estafeta la tomó otra persona. La arquitectura del proyecto es única en México por su diseño y su equipamiento. Somos en sí una gran familia.
Luego de jubilado he sido promotor para una escuela de inglés y de afiliación a una Afore. He sido colaborador con un club sobre la promoción de valores. Hoy, mediante una beca, le coordino al Gobierno del Estado el Programa de Seguridad Escolar en seis municipios de la zona centro-sur del estado y tengo un negocio de distribución de harinas de soya. Vivo feliz con mi familia y agradecido con Dios por haberme dado tanto y llegar casi ya a los 70 años.
Como un agregado: hice experiencias directivas en primaria, secundaria y preparatoria, y docentes en esos niveles, en la Normal Superior de Roque, Gto. y en la de la Laguna, impartiendo diversas materias en cada nivel. La Pedagogía da para mucho.
MEMORIAS 2° parte
Las escuelas de San Luis Potosí: Santa María del Río, Cerritos, Cedral, y en la Huasteca, Río Verde, Tanquián de Escobedo, San Vicente Tancuayalab y Valle del Naranjo (ésta la inauguré en representación y por indicaciones del Ing. Garza. También la de Galeana, N. L. Yo impartía a los alumnos Metodología de la Ganadería y Didáctica General, además de ser el Subdirector Académico, como quedó asentado. Cundo en Junio de 1972 entregamos al Ing. Garza todos los documentos que ahí se produjeron, nos felicitó. En lo personal aproveché la oportunidad para pedirle me permitiera fundar la ETA de Cd. Guerrero, Chih. El Ing. Garza me extendió el nombramiento para el caso.
En Cd. Guerrero me desempeñé además como director y maestro de Español. Esta escuela la construyeron en su totalidad los manzaneros del Papigochi. Ahí creamos 2 huertos con 6 mil manzanos, El Ing. Luis Gameros de CONAFRUT, nos apoyó con asesoría técnica y maquinaria. Hicimos excelentes experiencias al rodear a la escuela de todo tipo de apoyos y reconocimientos. Hasta la fecha tenemos amigos en esta ciudad, y los egresados como profesionistas influyen en el desarrollo social donde se desempeñan. En lo personal en Diciembre de 1972, junto con José Luis Aguayo, Alberto Heredia, los profesores Rascón y Solís, fundamos la colonia popular “Genaro Vásquez” (hoy Benito Juárez) en la ciudad de Cuauhtémoc. Y junto con Aguayo, anduvimos recorriendo varios ejidos de la región, apoyándolos a resolver una serie de problemas añejos. En este caso como en el de San Pedro, Río Mayo, Son, le brindé la oportunidad de desempeño laboral a varios compañeros. En este tiempo fui reiteradamente invitado a laborar en México en la Dirección General, al no poder por los compromisos contraídos, recomendé al Prof. Carlos Acosta Lozano para que fuera en mi lugar.
Ya en septiembre de 1974, por indicaciones del Ing. Garza Caballero, me llama el Prof. Everardo Velasco Delgado, Subdirector Técnico de la DGETA, para que les ayudara a ponerle esencia y rumbo al CETA 2 de Cd. Delicias. Mi única condición fue de qué lo haría con el apoyo de ellos. Y así, el primero de Octubre de ese año, me hice cargo de dicha institución. Había que romper vicios y componendas, tales como: personas que cobraban en las instituciones y jamás dieron una clase, robo de leche de la sala de ordeña y de lechones. Había el vicio donde los directivos de la sociedad de alumnos, coludidos con un profesor, tenían el negocio de hacer un baile cada fin de semana, y la publicidad la hacían a nombre del CETA, etc. etc.. Mi presencia no fue bien recibida por los “afectados y por otros de fuera del plantel”, su mentalidad feudal les impedía aceptar que un desconocido como yo, y militante de un partido de izquierda, dirigiera esa escuela que ellos “tanto querían”.
Mi trabajo fue poner en práctica lo que se había elaborado en Roque: integración de la Cooperativa Escolar, la prestación del servicio social de los alumnos, el funcionamiento de la Sociedad de Alumnos, la integración de la Asociación de Padres de Familia y el rendimiento mensual de cuentas de todo cuanto ahí se hacía, etc. etc. Además me presenté con el entonces Presidente Municipal, Lic. Fernando Baeza Meléndez, Quien en el acto de prestación se comprometió y lo cumplió de construir la primera cancha de básquet que tuvo la escuela. Y el señor Enrique Bergés Castellanos, Tesorero Municipal, regaló la primera Bandera Nacional que tuvo el plantel. Con ello, pudimos hacer honores al Lábaro Patrio y en tonar por vez primera el Himno Nacional.
Por primera vez el 20 de Noviembre de 1974 el CETA 2 participó en el desfile cívico, y el uniforme que diseñamos para los alumnos, aún se conserva: guinda y blanco. Por primera vez se participó en la feria regional y el stand del CETA obtuvo un diploma como el más espectacular y apropiado para el caso. El resultado de todo este trabajo, fue que la escuela fuera la de mayor demanda, de 10 grupos que había cuando yo llegué, al año siguiente aumentó a 24 (140% más).
Hube de contratar para el caso, un buen número de profesores e ingenieros.
El día 19 de Marzo de 1976, a insistencia del Ing. Garza y del propio PROFR. Everardo Velasco, se me designó Supervisor de las 23 escuelas agropecuarias que había en el Estado de Chih. Echamos a funcionar las Academias por áreas de conocimiento y la de directores. Se conformó un buen equipo de trabajo y las escuelas las pusimos al 85 % de eficiencia académica y la productividad al tope, según las capacidades de cada una.
En eso estábamos cuando los efectos de la asonada Jonguitudista del 22 de Septiembre, llamada “Vanguardia Revolucionaria? Del SNTE”. Llegaron como las hordas de Atila y todo lo corrompieron, lo destruyeron. Margarita Moreno Mena, entonces Sria de la Sección Octava, le dice al entonces Director de la DGETA., Dr. Rolando Delasse Macías: “El Prof. Rogelio Tabares es un serio obstáculo para la implementación de Vanguardia en el Estado de Chihuahua, y muy particularmente en las escuelas agropecuarias; retírelo del Estado”.. Fui llamado a México y en un desayuno al cual se me invitó, el comisionado para el caso, me dice: Vente a México y te damos un buen puesto y nombras a tu esposa como tu secretaria, y para que no batalles donde vivir, te pagamos una casa”. Ni siquiera pregunté quiénes eran los de “te pagamos”.
Me sustituyeron y me suspendieron de todo puesto, por un periodo de 8 meses. Todo esto fue el caldo de cultivo para los inconformes del CETA 2 y amigos que los acompañaban, y se prestaron para ser los promotores de la salida de 10 compañeros de dicho plantel, acusados de ser un peligro para la institución y de paso me envolvieron en el paquete, ya que yo era un “Judas de la educación” y un peligro para la estabilidad del CETA. De tal suerte que la envidia, la codicia, la sevicia y el afán de verme humillado, cristalizaron y junto con Carlos Riojas Bernal, le hicieron una buena faena al CEN del SNTE y a su dueño en turno José Luis Andrade Ibarra. Lo que a la fecha no han asimilado estos peones a sueldo que con ello daban el estoque final no a Rogelio Tabares, sino al Subsistema de Educación Tecnológica Agropecuaria. D e 1300 alumnos con que les dejé una escuela reputada, luego de su movimiento de “defensores del CETA 2” en Junio de 1978 y al año siguiente sólo lograron inscribir a unos 280 alumnos. Les sobraban alrededor de 500 horas. ¿Eso querían? pues merecen un Diploma porque así pasarán a la Historia de la Educación en México.
Luego de gestiones y viajes a México, se logró que JLP, entonces Presidente de la República, y por intervención del Cté. Central del PCM, dio instrucciones de que se nos reubicara donde nosotros quisiéramos, sin perjuicio de nuestro derechos laborales. Lo cierto es que a mí se me despojó de mi plaza que tenía en propiedad como Dir. De CETA yt de 16 horas de compensación porque en aquel entonces no había viáticos. Jamás se me restituyeron a pesar de los discursos demagógicos de los líderes posteriores a Margarita Moreno.
Me jubilé con 42 horas de secundaria.
La persecución no paró ahí, se me levantó un acta administrativa, burdamente elaborada. De esa “responsabilidad” me ayudó a solventarla el Lic. Saúl González Herrera. Al cabo de un año de escritos que iban y venían y la argumentación , finalmente se me concedió un Amparo por la Justicia Federal y donde se emplazaba a toda Autoridad Hacendaria por improcedente el acta referida. En todo esto no eran ajenos los “defensores del CETA 2”.
Finalmente se me asignó a la ETA 21 de Lázaro Cárdenas, donde me desempeñé como Coordinador Académico los últimos 12 años de mi desempeño docente. Todavía ahí, por mandato de Margarita Moreno y Carlos Riojas Bernal, tres auditores se presentaron a e4xigirme devolviera tres años de sueldo. No reconocieron los documentos oficiales que les presentaba. Tuve que ir a México y el Prof. Vicente Oria Razo, quien había sido Subdirector de la DGETA y quien reconociera mi desempeño, y que para entonces fungía como asesor técnico del Ministro de Educación, me recomendó al Jurídico de la SEP para solventar la demanda referida.
Debo decir que en la Técnica 21 de L. Cárdenas formé parte de un buen equipo de compañeros y logramos colocar a esta escuela como la mejor del estado. Logramos un ascendiente y una influencia que aún nos recuerdan con un gran reconocimiento y afecto los padres de los chicos que atendimos. Autoridades de México vinieron a confirmar lo que esa escuela era. En 1984, los padres de familia nos tomaron en cuenta para fundar el Colegio de Bachilleres, del cual fui profesor y director a petición de los padres de familia., trabajo que alternaba con el de la Técnica.
Fue ahí donde diseñaba metodologías para las diversas materias. Un profesor que luego pasó a laborar en la Normal de Saucillo, usaba los materiales que logré producir en la Secundaria Técnica y hasta me hizo ir a unos grupos de sus alumnas, a explicar detalladamente lo que yo asentaba. Para entonces Ya me había jubilado.
Finalmente y a los 51 años de edad, me jubilé en 1990. Habría mucho que decir: Siempre fui sindicalista. La DELEGACIÓN DE jubilados a la que pertenezco, fui uno de sus fundadores y primer Secretario General. Siempre milité políticamente en la izquierda y dirigí al PRD por 12 años consecutivos. Aquí en Delicias fui el primer Regidor que tuvo este partido. Participé hasta en tres ocasiones a la presidencia municipal. Fui dirigente social en Cuauhtémoc, al fundar la Colonia “Genaro Vásquez” y la “Lucio Cabañas” en Jiménez., en la formación y colectivización del ejido “Héroes de la Revolución de Jiménez y de la Unión de Ejidos de Jiménez. Del ejido Héroes, fui asesor por 15 años. He sido columnista de los periódicos “El Heraldo de Chih” con temas pedagógicos. En el “Diario” hasta por tres temporadas. Primero con temas políticos y luego con temas de valores, tales como el carácter, la identidad, la autoestima, el liderazgo y unas 7 docenas de temas parecidos.. Hoy en mi carácter de Coordinador del Programa de Seguridad Escolar y Escuela Segura, doy conferencias a padres de familia, a alumnos y maestros en la región centro- sur del Estado.