MODELOS A SEGUIR EN SALAICES:
LOS MISMOS COMPAÑEROS
Ramón Gutiérrez Medrano
En Salaices no teníamos necesidad de andar buscando modelos en otras partes; ahí mismo los teníamos: en los grupos superiores, en el nuestro o en los inferiores. Éramos producto de una selección desde los 12 años y eso propiciaba que en el alumnado hubiera muchos talentos.
Desde el principio me causaron admiración las centradas intervenciones que tenían compañeros sumamente preparados, en las asambleas de la sociedad de alumnos. Recuerdo con afecto a los siete secretarios generales que me tocaron, en este orden: Joaquín Puentes Segura, Rubén Núñez Gutiérrez, José Luis Aguayo Álvarez, Héctor Bernal Vázquez, Emigdio Anaya Ramírez, Federico Chávez Reyes y Refugio Carrera Martínez.
De ellos aprendí los valores de la tolerancia, la sencillez y la honradez… Eran verdaderos líderes, pues difícilmente perdían la paciencia ante los problemas; además, eran claros en la manifestación de sus ideas y -por ende- convincentes.
Pero además me impactaron los discursos de Efrén Arellano Rosales (†), los hermanos Marcelo, Gildardo y Rafael Amaro Villalobos, Carlitos Ruiz Sánchez (†), Francisco Molina Seáñez, entre otros muchos.
En cierta ocasión asistieron los padres de familia a una reunión de sociedad de alumnos. Mi papá -egresado de la ENR de Flores Magón, en los tiempos de Cárdenas- se fue maravillado con las intervenciones de Enrique Díaz Silva y de Miguel Ángel García García. Este último fue presidente de la Federación de Estudiantes Chihuahuenses (FECH) y con ese carácter asistió a una reunión mundial de estudiantes celebrada en Moscú, en donde estuvo más de un mes.
Los modelos ahí estaban, en diferentes actividades: política, música, deporte, banda de guerra, oratoria, declamación, pintura, teatro, danza… Al mencionar a algunos compañeros se corre el riesgo de omitir a otros igualmente valiosos, por lo cual ofrezco disculpas.
La política es la ciencia de gobernar y está muy ligada a la filosofía, la ciencia de la sabiduría. Gracias al maestro de Lógica, Ética y Estética (disciplinas filosóficas), Profr. Abdón González Arellanes, pudimos obtener una concepción del mundo y de la vida contraria al idealismo: el materialismo dialéctico.
Los políticos de Salaices tuvieron que enriquecer su discurso con marcos teórico-conceptuales apoyados en teorías filosóficas convincentes. A lo anterior debían sumar la facilidad en el manejo del idioma, tanto oral como escrito.
La política en la escuela hacía posible la convivencia armónica entre los casi 300 estudiantes; gracias a ella lograron superarse innumerables conflictos, sencillos por cierto, y sólo en dos que recuerdo haber oído o leído, fue necesaria la purga de estudiantes, quienes fueron a concluir sus estudios en otra escuela normal, pues los bandos ya eran irreconciliables.
Afortunadamente había esa solución, ya que existían -hasta 1969- 20 escuelas normales de hombres y 9 de mujeres.
La primera escisión ocurrió en 1954, cuando un sector de alumnos defendía al director José Leyva Aguilar, quien tenía en su contra a la mayoría del alumnado, lo que ocasionó su salida y la de sus 17 seguidores, yendo estos últimos a terminar la carrera en El Mexe, Hgo.
Pero también salieron ocho miembros del comité ejecutivo, que encabezaba Guillermo Hernández Moreno; seis se fueron a Ayotzinapa y dos a Tamatán (Nuevas Delicias, la tierra de mi infancia, José Ángel Aguirre Romero, 2014). Aunque es oportuno aclarar que, de acuerdo a investigaciones de la maestra Teresa Moreno Sáenz, quien acaba de publicar un libro sobre la vida y obra del compañero Guillermo Hernández Moreno, este último, se fue a terminar tercero de secundaria a la Federal 1 de Ciudad Juárez, para continuar la preparatoria y la carrera de ingeniero químico industrial en instituciones del Instituto Politécnico Nacional, donde también fue dirigente estudiantil.
El segundo cisma se presentó a principios de los sesenta, cuando la FECSM se dividió, pues algunas escuelas apoyaban a Antonio Valtierra Limones, de Salaices, para ocupar la secretaría general de la organización, mientras que otras respaldaban a Lucio Cabañas Barrientos, de Ayotzinapa.
En Salaices había cabañistas, quienes tuvieron que ir a terminar la carrera en otras escuelas, pues las relaciones estaban tirantes con los que opinaban en el otro sentido.
Lo anterior es dialéctico, nos dijo el profesor Abdón González en sus clases de Filosofía, es la unidad y lucha de los contrarios. Repito, afortunadamente existía la posibilidad de cambio de escuela normal, lo que evitaba que alumnos en conflicto perdieran lo avanzado en su preparación como maestros.
De las cinco bellas artes (Música, Literatura, Escultura, Pintura y Arquitectura), tres eran cultivadas en Salaices.
La pintura se practicaba de manera elemental gracias a nuestro querido maestro Inocente Fernández, quien nos enseñó la técnica para hacer dibujos en perspectiva -de cercanía y lejanía- y quien plasmó, año tras año, en los días previos a la graduación, un nuevo paisaje en la pared del fondo del comedor-auditorio. Seguramente ahí permanecen esas pinturas, unas encima de otras.
La literatura se ejercitaba en la Escuela Normal de manera constante y había poetas, cuentistas y novelistas.
Tal es el caso de Alfonso Cano, Alberto Octavio Hinojos Delgado, Manuel Arias Delgado, Héctor Bernal Vázquez, Jesús Manuel Figueroa Rodríguez, José Piña Delgado, José Humberto López Medrano, José Luis Aguayo Álvarez (†), Manuel Valdez Durán, Rubén Domínguez Morales, José Ángel Aguirre Romero, Jesús Rentería Ávila, Gilberto Alonso Molina Almanza, Refugio Carrera Martínez, Epitacio Chávez Nevárez, Manuel Guardado Barrón...
Tomás Delgado Montes, Raymundo Galán Sosa, Avelino Soto Ugalde, Ignacio Tarín García, Gilberto Gaona García (†), Jorge Luis Herrera Lezama, Arturo González Kuehne, Jesús Cañas Loya, Manuel Martínez Martínez (†) y Liborio Castañeda Medina (†), entre otros, quienes -en diferentes momentos de la vida de Salaices- escribieron textos en verso o en prosa de una belleza incomparable.
Pero el arte que más se cultivó en Salaices fue la música: había en la escuela: orquesta, orfeón, tríos y solistas. En los libros de José Luis Aguayo (“Un paseo por los recuerdos” y “Normalistas: testimonios de la docencia”) se mencionan los nombres de algunos músicos.
En el orfeón fueron muchos los que destacaron, sólo se anotan cinco: Efrén Arellano, Alberto Valdez, Alberto Octavio Hinojos, Ignacio Cárdenas Alvarado y Héctor Arreola García.
La orquesta se fue reproduciendo a través de las generaciones, desde los primeros músicos como Chava Talamantes Alarcón, Ismael Villegas Meléndez, Alfonso Méndez Mancha, Manuel García, Viviano Puentes, Arnulfo Macías, Enrique Rascón, José María Galván, Eligio Rodríguez, Roberto Maldonado.
Después vinieron Arturo Holguín Guerra, Jesús Manuel Hernández, Blas Macías, Fidencio Rentería, Basilides Arellanes, Chuy Garay, Abelardo García Arroyos, Alfonso Durán, Rubén Salais, Óscar García Arroyos, Ramón Antonio Aguirre, Jacobo Holguín Guerra.
Finalmente, las últimas orquestas de Salaices, con Manuel Arias, Héctor Arreola, Manuel García, Chuy Polanco, Cipriano Díaz, Mario Almeida, Gildardo Irigoyen, Jesús García, Enrique Gallegos, Chaías Bañuelos...
Juanillo Ramírez, Odilón Campuzano, Chabelo Valdez, Adolfo Meraz, Chon Delgado Parada, Joaquín Valdez, José Inés Hernández, Chaías Cano, Francisco Posada Walle... varios más.
Uno de los grandes músicos que dio Salaices al mundo, fue el maestro Adolfo Meraz Medrano, quien viajó en tres ocasiones a Estocolmo, Suecia con sus grupos musicales -de todos los géneros- para acompañar los bailes del grupo de danza del CBTIS 122.
Fundador del grupo Sentimiento Latino de Ciudad Cuauhtémoc, Chih., de fama nacional e internacional, el Maestro Meraz desafortunadamente falleció en un accidente carretero cerca de Sueco, Chih., el 31 de diciembre de 2019, cuando se dirigía junto con sus compañeros a Ciudad Juárez para amenizar el baile de fin de año. Descanse en paz mi querido primo.
Hubo muchos músicos solistas: Chava Almanza, Nacho Cárdenas, Ramón Aguirre, Juan Manuel González, Reyes Ruiz, Agustín Lujan, Chalo Duarte...
Salvador –Chava- Almanza Bustillos fue poeta y compositor musical; dedicó corridos a casi todos los municipios de Chihuahua, que son 67, y su nombre ha trascendido las fronteras, siendo reconocido como El Pintor Musical de Chihuahua. Falleció en un accidente automovilístico cuando regresaba de Parral a la capital del estado.
Nacho Cárdenas Alvarado es otro cantautor salaicino originario de Piedras Negras, Coah., uno de los exponentes del Canto Cardenche. Algunas de sus composiciones fueron cantadas por el desaparecido Óscar Chávez.
Ramón, el Toro, Aguirre fue un guitarrista de excelencia, lo mismo que Juan Manuel González García, El Nonoava, que enseñaba a tocar guitarra a todo el que quería.
En ese entonces, Agustín Luján De la Cruz no formaba parte de la orquesta; desarrollaba su gusto por la música de manera individual. Habiendo egresado como maestro en Salaices, fue alumno de la Facultad de Bellas Artes de la UACH, en donde se perfeccionó como cantante y danzante. Hoy forma parte de la Orquesta Los Normalistas de Salaices.
Reyes Ruiz Valenzuela es un estupendo músico del género norteño. Llevó su música hasta China. Chalo Duarte tiene actualmente un grupo de música variada, allá en Delicias.
De la banda de guerra no se puede dejar de mencionar, en primerísimo lugar, al admirado Juan Francisco –Pancho- Rocha, sargento que heredó el puesto de otro notable: Jorge Gallardo Ogaz.
Rocha tenía una autoridad indiscutible dentro de la comunidad escolar. Era el primero en levantarse, luego despertaba a los 24 miembros de la banda, quienes caminaban hasta el pórtico y tocaban durante casi media hora una serie de marchas que despertaban al alumnado y a los agricultores a unos tres kilómetros a la redonda.
Debo mencionar también a mi compañero de grupo, excelente corneta, último sargento de Salaices y el primero en Aguilera, después de la fusión de ambos planteles, Miguel Vázquez Ambriz.
Años antes, de acuerdo a datos aportados por mi compadre, el maestro José Guadalupe Gutiérrez Rodríguez, fueron sargentos de la banda: Humberto Caballero Villanueva -originario de El Valle de Allende-, Guadalupe Cortina y Antonio Valtierra Limones. Los dos últimos son oriundos de la Comarca Lagunera. El compañero Dagoberto González Uranga reclama su lugar en la Banda de Guerra, en los años cincuenta.
Antonio Valtierra Limones fue político y sargento de la banda de guerra en Salaices. Posteriormente maestro de la Escuela Normal de Salaices.
Es imposible anotar a todos los banderos, pero mencionaré sólo a uno más, por su sensibilidad sin igual, a José de la Luz Solís Millán, Chalú, quien además hacía gala de sus dotes de locutor cuando amenizaba las cenas desde la cabina del comedor o cuando acompañaba al grupo artístico musical a la radiodifusora de Parral para dirigir los programas.
Chalú fue en 2015 sargento de la banda de guerra de la Delegación de Maestros Jubilados en Ciudad Juárez. Tocaba igual, o mejor, que cuando estaba en Salaices.
Deportistas destacados hubo muchos: en primer término el ya fallecido Luis Rentería Medina, La Cebra, por sus cualidades atléticas extraordinarias para cualquier deporte; era sobresaliente.
Después llegó otro grandote: Jorge Zaragoza Martínez, La Flecha, que formó parte de la selección nacional de básquetbol, yendo a representar a México a muchos países. Armando García es más bajito que los anteriores, pero un excelente jugador que se colaba hasta el pie de la canasta para encestar.
Otros destacados deportistas que aparecen en una fotografía, que desafortunadamente no se pudo anexar a este escrito, son: Francisco Molina (El Mango), Alberto García, José Rubio (El Zape †), Alfonso Cano, El Popo Acevedo (†), Chalú Solís. Jorge Zaragoza (La Flecha), Octavio Beltrán (El Pueblito), Ventura Muñoz (Tula), Armando García, dos que no se recuerdan sus nombres y La Sopa (Ezequiel Chequelo De Luna). Foto subida a Facebook por Alberto García.
Hablando de Alberto García, el olímpico, recordamos que era corredor de 3000, 1500 y 800 m, además de relevos de 4 por 400 m, con marcas olímpicas, y debió haber participado en las Olimpiadas del 68 en México, pero fue excluido. Ventura Muñoz fue un corredor excelente, así como Wenceslao Lara, Chelao. Otro excelente deportista fue Arturo González Kuhene, jugador de básquetbol, con un estilo único, así como Humberto López Medrano, Humberto Beltrán, Crucito Morán (†) y Fernando Montoya.
Imposible anotar a todos los atletas, eran muchos; sólo algunos más: Rafael Humberto García Chávez, el Clavito, que pese a tener las piernas delgadas fue un corredor de primera. Su paisano Eugenio Geño Campuzano sigue corriendo y ha competido en maratones (42 km) y medio maratones, en todo México y en otros países: EEUU, Dubai, Francia, Israel, Bahamas, según nos ha platicado.
Otro salaicino, veterano del deporte, es Vicente Chente Monreal Reyes, atleta que ganó el Teporaca de Bronce 2015 en Chihuahua; además forma parte del equipo de Cachibol de Inapam-Chihuahua, tetracampeón nacional. A sus 70 años de edad sigue subiendo, junto con sus hijos y nietos, cada miércoles, el Cerro del Coronel de la ciudad de Chihuahua, lo cual lo hace admirable.
Pedro Loya Salcido y Balta Ávalos Flores hasta hace poco seguían corriendo los maratones en la capital de Chihuahua, lo mismo nuestro veterano compañero Herlindo Amparán, de la generación 1960, quien corría el K12 del OXXO y cuando visitaba a su hija en Vancouver, Canadá, practicaba la carrera por la orilla de la isla.
Otro compañero de la primera generación de seis años, la de nueve egresados, es el profesor Pepe Villanueva Acosta, quien hasta hace poco seguía practicando la caminata, llegando a ser campeón nacional en 3 000 metros. Hoy tiene más de 80 años de edad. Es el papá del Cachis Villanueva, de la generación 69.
Pablo Nois–Pabis- López Ramos (†) participó en la Delegación de Jubilados de Ciudad Juárez en natación, danza y cachi bol. Francisco –Pancho- Gallardo Espejo, de la generación 1963, practica cachi bol y natación, además de ser un destacado miembro de la Rondalla Amigos, dirigida por el maestro David Gutiérrez Castrejón.
No se puede omitir en este reconocimiento a quien conozco desde 1973, cuando llegó a hacerse cargo de la dirección de la escuela primaria “José Martínez Estrada”, de la ciudad de Chihuahua, a mi compadre José Guadalupe Gutiérrez Rodríguez, beisbolista, corredor de 110 metros planos, campeón nacional de tiros libres en el Nacional de básketbol celebrado en Mexicali, formando parte del cuadro fuerte del Estado de Chihuahua en 1959.
Si se quisiera integrar un equipo ideal del básquetbol salaicino de todos los tiempos de Salaices, un dream team, seguramente entrarían en él: Nicolás Zaragoza, Alfonso Delgado, Ángel Espinoza Beltrán, Sergio Cordero, Rafa Reyes, Pabis López, Pilar Morales, Lupe Gutiérrez, Heberto Meléndez, Francisco Gallardo, Manuel Valdez, Carlos Corral, Luis Rentería, Jorge Zaragoza, Armando García, Arturo González Kuehne, Humberto López y Humberto Beltrán… más los que usted guste agregar.
En teatro destacaron Raymundo Galán Sosa, Temo Herrera Martínez, José Inés Hernández Ramírez, Lolo Garfio Campuzano; excelentes guionistas y actores.
Recuerdo que Lolo, originario de San Juan Balleza, hizo el papel de monseñor Méndez Arceo, en la obra “Pueblo Rechazado”, de Vicente Leñero, que presentamos en el Teatro Calderón de la ciudad de Zacatecas, cuando cursábamos 6º de Normal, en Aguilera.
Casi todos los compañeros que llegaban de Balleza destacaban en oratoria y declamación, pues esa tierra tiene veta de oradores, que supieron explotar muy bien los maestros egresados de Tamatán, Tamaulipas, que les dieron clases en primaria.
Para terminar, dos declamadores excelentes: René Gómez Baca y Ramiro Acosta. La participación de este último con la poesía Campanas de mi pueblo en un certamen interno, me dejó maravillado: “Campanas, clamorosas campanas de mi pueblo, como me parece que os estoy oyendo…”
Reitero: más los que usted guste agregar, de los aproximadamente 1500 maestros que formó Salaices.
Cada uno merece un libro especial.