EL ASALTO AL CUARTEL DE CD. MADERA, CHIH.
TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE
RAÚL FLORENCIO LUGO HERNÁNDEZ
1.- BÚSQUEDA DE ORIENTACION POLÍTICA A TRAVÉS DE LA LUCHA LEGAL
En prisión oí la propaganda que invitaba a un mitin de apoyo a un grupo de campesinos solicitantes de tierras. Cabe aclarar que me encontraba preso por cuestiones ajenas a la acción revolucionaria. Mi situación económica, educativa, mi ubicación de clase con los oprimidos enajenados, los cuales carecíamos de una conciencia política que nos explicara el origen de nuestros problemas, así como la forma de resolverlos, nos hacía caer en la búsqueda de salidas falsas, artificiales, creadas por el enemigo. Miles de mexicanos se dan al alcoholismo, al crimen, como una manifestación de impotencia social debido a la carencia de claridad política que revierta su descontento en energía transformadora.
Ya aclarado el porqué de mi estancia en la cárcel, prosigo. Al oír las palabras elocuentes y firmes de una oradora que invitaba al pueblo a solidarizarse con los solicitantes de tierras, se creó en mí una inquietud, más bien por curiosidad de lo que se iba a tratar en ese mitin al cual se invitaba con tanto fervor. Al salir de la cárcel procuré informarme de quiénes y qué era lo que planteaban los del grupo; así llegué a saber que los solicitantes de tierras estaban presididos por el padre de unos conocidos míos, y ellos me invitaron a participar en el grupo como un miembro más.
Esta invitación me planteó la necesidad de hacer un análisis sobre mi situación en el pueblo; consideré la falta de fuentes de trabajo, el constante aumento del costo de la vida, y en sí, vi que mis posibilidades de desarrollo allí eran limitadas en todos los aspectos. Con base en este tipo de consideraciones personales llegué a la conclusión de ingresar al grupo de campesinos sin tierra, preguntándome si ésta sería la oportunidad de cambiar lo que hasta entonces constituía mi paupérrima forma de vida, es decir me planteé la posibilidad de trabajar la tierra, como una salida meramente economicista en la solución de mis problemas.
De esta forma, sin más, fue como llegué a ingresar al grupo de los solicitantes de tierra; a ese grupo de personas cuya dignidad humana, felicidad e incluso la vida misma, depende de un pedazo de tierra en el cual trabajar. Importaba la tierra, pero era indispensable que, antes, las autoridades gubernamentales se dieran cuenta de lo que significaba una solicitud de tierra para aquellos campesinos; hacerles ver que para el campesino no es un simple papel, mientras que para el burócrata constituye algo molesto y engorroso. Ni es lo que significa para el latifundista: la molestia de llamar al gobernador para que dé la orden de un fallo favorable en el Departamento Agrario, en caso de que hubiera una solicitud de afectabilidad para alguna de sus propiedades, o bien, la también molesta llamada al jefe de la zona militar y de la policía para que someta, por medio de la fuerza, al grupo de “revoltosos”. ¡No! Para el campesino, aunque parezca paradójico, la tierra es vida y es muerte; es esclavitud impuesta por el sistema de propiedad privada, peonaje y explotación, pero es la dicha momentánea, al fin, de ser propietario de un pedazo de tierra.