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El PÍCARO DE CUELLO BLANCO

Epitacio Chávez Nevárez

Generación 1968, ENR Salaices, Chih.

En el contexto de la desigualdad social, producto de una injusta distribución de la riqueza, encontramos que las pequeñas poblaciones de México tienen sus propios indigentes con los que se establecen fuertes lazos de afecto.  

 Corría la década de los cincuenta del siglo XX y la población de San Francisco del Oro vivía en condiciones sumamente precarias en cuanto a servicios públicos se refiere: no había tomas domiciliarias de agua potable, por lo que ésta se tenía que llevar de válvulas estratégicamente ubicadas en el pueblo; no había calles empedradas, mucho menos pavimentadas; el alumbrado público consistía en postes de madera muy endebles con un foco de uso doméstico en la parte superior, que ya no existen pues han sido sustituidos por la luz led. (Mucho tiempo después comprendí por qué las parejas de enamorados nos pagaban 20 centavos por quebrar el foco cada vez que éste era repuesto).

 En esas condiciones destacaba la presencia de dos indigentes que supieron ganarse el cariño de los habitantes del pueblo minero. Uno de ellos sobrevivía acarreando agua a los domicilios utilizando un palo de metro y medio de longitud y dos pulgadas y media de diámetro, en cuyos extremos colgaban sendas cadenas terminadas en gancho, de donde se agarraban los botes -en aquellos años conocidos como mantequeros- con forma de prisma de base cuadrangular, con una capacidad de veinte litros. Este servicio lo hacía a cambio de una módica cantidad.

 No conocí su nombre, pues solo respondía al llamado de Güero Camarón. En el Oro había dos gemelos adolescentes muy vagos que al calificativo de Güero Camarón le agregaban Chilicote. Al grito de “Güero Camarón, Chilicote Verde” saltaban chispas, pues el hombre reaccionaba con tanta violencia que les arrojaba piedras del tamaño de una pelota de tenis, con tal fuerza y velocidad que más de un fílder de grandes ligas lo hubiera envidiado. Los demás pobladores se mantenían en guardia, previendo las vagancias de esos jóvenes para no ser víctimas colaterales, como diría el expresidente Felipe Calderón.

 Con el tiempo la familia de los gemelos emigró y el Güero Camarón comenzó a extrañarlos. Frecuentemente preguntaba por ellos, ´que dónde estaban´ y que ´si iban a regresar´.

 El otro indigente era un hombre muy sociable que recorría el pueblo de norte a sur y de este a oeste, haciendo mandados o repartiendo volantes sobre ofertas comerciales o sobre la programación de las películas en el cine. Respondía al nombre de Nieves y si le gritaban ´¡rrrrrrrrrrrrr! ´se enfurecía, convirtiéndose en una persona sin control.

 De repente la familia protectora que le daba cobijo y alimentación se fue del pueblo y con ella se fue Nieves. La gente resintió su ausencia; al poco tiempo empezaron a preguntar por él, se le extrañaba mucho. Pero de forma inesperada un día reapareció Nieves pues no se había adaptado al nuevo lugar de residencia y prefirió a su gente del Oro. Fue bienvenido y rápidamente se reintegró a la vida cotidiana.

VIDA INUTIL DE PITO PEREZ, LA / 47 ED.. ROMERO JOSE RUBEN. Libro en papel.  9786070927584 Librería El Sótano

 Todo lo anterior viene a la memoria por la lectura de “La vida inútil de Pito Pérez”, novela del escritor José Rubén Romero. Tal obra tuvo tanto éxito que fue llevada al cine en cuatro ocasiones: la primera con el título de “La vida inútil de Pito Pérez”, en 1944, con el actor Manuel Medel y dirigida por Miguel Contreras Torres; la segunda fue “Pito Pérez se va de bracero”, en 1949, con el mismo actor y dirigida por Alfonso Patiño Gómez; la tercera, “Las aventuras de Pito Pérez”, en 1956, dirigida y estelarizada por Germán Valdez (Tin-Tan); y la última, “La vida inútil de Pito Pérez”, en 1970, con el actor Ignacio López Tarso, película a color dirigida por Roberto Gavaldón.

 En la lectura de la novela, cursando quien esto escribe tercero de secundaria, el análisis sólo llegó a considerar la obra como un libro costumbrista y de denuncia.

 Hoy, el confinamiento obligado por el Covid 19 me ha permitido ver las películas de la Época de Oro del cine mexicano que en horario nocturno, a partir de las 23 horas, pasan por el canal 11 del IPN.

 Una de esas películas es “La vida inútil de Pito Pérez”, con Manuel  Medel como protagonista de la primera película. Con ella resurgió en mí el interés por el libro, destacando que no solo es un obra costumbrista y de denuncia, sino que pertenece al género de la Novela Picaresca, surgido en España  durante el Renacimiento y que, en ese contexto, es una obra de crítica a una sociedad decadente que estaba despertando después de un largo sueño de mil años: la Edad Media, que duró del siglo V al XV.

 En la producción de este tipo de novelas destacan tres obras maestras: Lazarillo de Tormes, obra anónima publicada en 1554; Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, escrita en dos partes, la primera en 1599 y la segunda en 1604, previamente plagiada en 1602 por Mateo Luján de Sayavedra; y El  Buscón, de  don  Francisco  de  Quevedo Villegas, publicada en 1626.

 Todos estos libros tardaron años en ser publicados íntegramente, ya que fueron espulgados y mutilados por la Santa Inquisición, antes de autorizar su edición completa.

 El interés por el género de la novela picaresca me condujo a una interesante Tesis, sustentada en un amplio trabajo de investigación que elaboró Brenda Díaz Sánchez para obtener el título de Licenciada en Letras Latinoamericanas, por la Universidad Autónoma del Estado de México – Centro Universitario UAEM de Amecameca, en julio de 2014-.

 Dicho trabajo de investigación parte de la siguiente pregunta: ¿Qué rasgos físicos y psicológicos del pícaro español se presentan en Pito Pérez, personaje principal de “La vida inútil de Pito Pérez”, y cuáles eran los rasgos propios del pícaro mexicano?

 La conclusión que da respuesta a la pregunta de la tesis establece que “La vida inútil de Pito Pérez” no es la primera novela que corresponde a este género en nuestro país, pues la inicial fue El Periquillo Sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, en 1816.

 Es posible comprobar y demostrar con acertadas argumentaciones que Pito Pérez, personaje central de la novela de José Rubén Romero, presenta elementos del pícaro prototipo con diferencias ideológicas y de tiempo. Pero, además, establece que todos los pícaros son indigentes, pero no todos los indigentes son pícaros.

 El significado de la palabra pícaro, en la Edad Media, de acuerdo a diferentes autores, establece que se les llamaba así a quienes ayudaban al cocinero de Palacio a picar la carne -los pinches de cocina-, o a los galopines dedicados a varios oficios, pero que eran taimados y astutos.

 Pero en una acepción más amplia, el pícaro es un personaje débil, andrajoso, mugroso, ruin, bajo, tramposo, falto de honra y de vergüenza, chistoso, alegre y placentero, que pertenece a un nivel social bajo y que está al servicio de varios amos, vagabundeando desde pequeño, alejado de su familia.

 Un pícaro en  la Edad Media era una persona que  estafaba, igual que en la actualidad, solo que ahora se amplía su campo de su aplicación. Hoy se le llama pícaro a un niño que hace travesuras de poca importancia, ligeramente eróticas y obscenas, o al desgraciado malviviente decepcionado de la sociedad a la que nunca pudo adaptarse. No debemos olvidar que durante la Edad Media el racismo fue una forma de gobernar.

 En el caso de La vida inútil de Pito Pérez, el uso del albur se generaliza a partir del mismo nombre: «Pito». En estos momentos, retomar la Novela Picaresca permite detectar un nuevo tipo de pícaro surgido a partir, aproximadamente, de 1970, con el establecimiento del Neoliberalismo, pícaro que, sin importar su origen, desde las esferas del poder económico y político se enriquece ilícitamente a través de diferentes medios.

Sabes qué opinan los expertos acerca del delito de cuello blanco? –  Academia Gubernamental

 El pícaro moderno de la clase alta viste ropa de marca, tiene autos de lujo, mujeres a las que compra como si fueran objetos, yates, aviones, casas en el extranjero. Su único Dios es el dinero, es cínico, descarado, egoísta y no tiene escrúpulos. El pícaro del Renacimiento es una blanca palomita comparado con éste, al que identifico como pícaro de cuello blanco.

 El pícaro desaparecerá de la vida real en la medida en que la sociedad acceda a la información que le permita cobrar conciencia de que antes que el derecho está la justicia y que la igualdad social solo se alcanza con una justa distribución de la riqueza, a la par que una sociedad informada tiene más herramientas para decidir y difícilmente podrá ser manipulada.

 Finalmente, creo que algún día se logrará que los Güero Camarón, Nieves y Baro, en Santa Bárbara, Chih., vivan integrados en la sociedad con todos sus derechos y todas sus oportunidades.

Por último. Todos los picaros de cuello blanco son delincuentes; pero no todos los delincuentes son pícaros de cuello blanco.

Julio de 2021.

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