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¿DESCUBRIMIENTO O INVENCIÓN DE AMÉRICA?

 

"Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra.

 Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”.

Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia."

Eduardo Galeano

Mapa de América con división política con nombres y capitales para imprimir  - Celebérrima.com

Epitacio Chávez Nevárez

Sin duda, escribir en primera persona implica el alto riesgo de caer en el subjetivismo extremo y en la egolatría, sin embargo, en esta ocasión voy a correrlo para, en agradecimiento, hacer un reconocimiento al profesor Dagoberto González Uranga.

  Nací en el seno de una familia numerosa y humilde, con un padre ejemplar, que siendo trabajador en un pequeño pueblo minero (San Francisco del Oro, Chih.), en donde por cada escuela había cinco cantinas, era normal que cada sábado, al cobrar el salario semanal, los mineros abarrotaran dichos antros y se gastaran el sustento de la familia, agravando la situación de pobreza: Mi padre no tomaba, lo que nos permitía asegurar las necesidades básicas elementales y en lo relativo a la educación decía: “voy a hacer hasta lo imposible por apoyarlos en lo que quieran estudiar pero el que repruebe una materia hasta ahí llega, no se pueden dar el lujo de reprobar”. Siempre cumplió su advertencia.

     Terminé la primaria y nos encontramos con la dificultad de que el pueblo carecía de escuela secundaria[1] por lo que tuve que ir a cursarla, acompañado de un hermano, a Santa Bárbara Chih., que en esos momentos contaba con la prestigiada y única institución de ese nivel en la región, situación que le metió más presión a la economía del hogar ya que se agregaron los gastos de alimentación y transporte, más la compra de libros que se tenían que pedir por grupo a la ciudad de México.

 En una de esas ocasiones no podía completar el pedido, me faltaba el libro de historia y en un acto solidario (desde la óptica de Ricardo Flores Magón) que no he olvidado, el profesor Dagoberto me regaló el libro, salvándome del estrés que el problema me generaba. 

 Con los años ingresé al magisterio y gracias a ese gesto solidario nunca pude tratar al Profr. Dagoberto como un compañero de trabajo, sino como un gran Maestro.

 Muchos amigos me cuestionan: “Si tu materia de trabajo fueron las matemáticas, ¿cómo es que te gusta la historia? La historia es parte de la formación docente y, sin duda, la inclinación por esa área del saber se la debo al profesor Dagoberto González Uranga. 

De acuerdo al contenido de este trabajo, según el título, el 12 de octubre de 2020, se conmemoraron 528 años del llamado Descubrimiento de América y el próximo trece de agosto de 2021 se conmemorarán los 500 años de la conquista de México.

 En este contexto se han venido generado una serie de reclamos y polémicas. El presidente Andrés Manuel López Obrador, el primero de marzo de 2019 hizo llegar una carta al rey Felipe VI, que se replica al estado Vaticano, donde le solicita que España pida disculpas por los abusos cometidos por los conquistadores.

 Más que abusos fue un genocidio el que los conquistadores españoles cometieron.[2] Entre los historiadores, algunos coinciden en que a la llegada a Veracruz de D. Hernando Cortés, Marqués del Valle [12 de marzo de 1519], el número de habitantes en el valle del Anáhuac fluctuaba entre los 25 y 30 millones, y que para 1651 solo quedaban 1 millón 200 mil habitantes.

 Para otros historiadores, la conquista y la colonia le costaron a los pueblos originarios la pérdida del 90%  de sus habitantes debido a varios factores: asesinatos, excesos a los que eran sometidos en la explotación laboral, los pagos de tributos, la aparición y propagación del hambre, la insalubridad y las epidemias.[3]

 La información sobre dicha carta fue publicada en la página web del periódico El País y ha generado reacciones de todo tipo, algunas tan desproporcionadas como la del escritor derechista español Arturo Pérez Reverte, autor de El Capitán Alatriste y La Reina del Sur, quien en un mensaje de twiter se refirió a la carta enviada por el mandatario mexicano, señalándolo por tener “apellidos españoles”.

 Además, afirmó que si de verdad cree todo lo que dijo, “es un imbécil” y si no, un “sinvergüenza”. 

 Otro extranjero a quien le da mucho por opinar sobre los problemas internos de nuestro país, es Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, quien dijo lo siguiente:

 “Tengo la impresión de que se equivocó [ López Obrador]  de destinatarios; debió enviarse la carta a él mismo y responder a la pregunta de por qué México, que hace cinco siglos se incorporó al mundo occidental gracias a España, tiene todavía tantos miles de indios marginados, pobres, ignorantes, explotados”.

 Ante las diferentes críticas que en  diferentes momentos ha hecho a López Obrador este escritor, la única respuesta emitida por el presidente de México es que Vargas Llosa es un buen escritor pero muy mal político.

 Recientemente, por encargo del presidente de México a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller quien hizo un viaje a Europa, se solicitó al gobierno de Austria en calidad de préstamo el penacho de Moctezuma II. La respuesta que se da a dicha petición es que el Penacho de Moctezuma II ha pasado por tantas manos que hoy se encuentra en estado de grave fragilidad, al grado que podría terminar destruido por una fuerte vibración.

 Ante este contexto, creo que vale la pena retomar los interesantes y controvertidos planteamientos del investigador e historiador orgullosamente mexicano Edmundo O’Gorman (1906-1995) a través de los tres conceptos claves de su obra: intencionalidad, invención y reducción al absurdo.[4]

 Estos planteamientos lo llevaron a polémicas en ocasiones violentas con Silvio Zavala, Lewis Hanke, Marcel Bataillon, Jacques Lafaye, Laurette Séjourné, Georges Baudot y Miguel León-Portilla, entre los más notables.

 Para muchos compañeros cuya materia de trabajo han sido las Ciencias Sociales, la mejor forma de coincidir o disentir al respecto es profundizar en la investigación y en la reflexión filosófica; con ese objetivo -entre otros- va este modesto esfuerzo.

 Para iniciar, se establece lo que para Edmundo O'Gorman es una interpretación. Puesto que se trata de poner a prueba una interpretación (el descubrimiento de América) es conveniente, ante todo, tener una idea clara de lo que significa ésta.

 Lo esencial al respecto consiste en reconocer que cualquier acto, si se le considera en sí mismo, es un acontecimiento que carece de sentido, un acontecimiento del que, por lo tanto, no podemos afirmar lo que es, es decir, un acontecimiento sin ser determinado.

 Para que lo tenga, para que podamos afirmar lo que es, es necesario postularle una intención o propósito. En el momento que hacemos eso el acto cobra sentido y podemos decir lo que es; le concedemos un ser entre otros posibles. A esto se llama una interpretación.

 “Interpretar un acto es dotarlo de un ser al postularle una intención”.[5]

 Edmundo O’Gorman resalta un ejemplo y una anécdota para destacar la importancia de la interpretación en la determinación de un acontecimiento a partir de la intencionalidad; intencionalidad que requiere de conocimientos previos, de protocolos, de proyectos: vemos a un hombre salir de su casa y dirigirse al bosque cercano. Ése es el acto considerado en sí mismo como un puro acontecimiento.

 Pero, ¿qué es ese acto? Obviamente puede ser muchas cosas distintas: un paseo, una huida, un reconocimiento llevado a cabo con fines lucrativos, una exploración científica, el inicio de un largo viaje o, en fin, tantas otras cosas cuantas puedan imaginarse, siempre de acuerdo con la intención que se suponga en aquel hombre.[6]

 Al concluir una conferencia en que acababa de exponer todas estas ideas, me abordó uno de los asistentes y me dijo: "Quiere usted decir que no es posible que un hombre descubra por accidente un pedazo de oro, pongamos por caso, sin que sea necesario suponer, para que esto acontezca, que ese pedazo de oro estaba allí dispuesto o deseando que lo vinieran a descubrir."

 "La respuesta -le dije- se la dejo a usted mismo; pero antes reflexione un poco y advertirá que si ese hombre no tiene una idea previa de ese metal que llamamos oro para poder, así, concederle al trozo de materia que encuentra accidentalmente el sentido que tiene esa idea, es absolutamente imposible que haga el descubrimiento que usted le atribuye, y ése es precisamente el caso de Cristóbal Colón."[7]

 Para O’Gorman, el problema fundamental de la historia americana estriba en explicar satisfactoriamente la aparición de América en el seno de la Cultura Occidental (ya sea como descubrimiento o invención), porque esa cuestión involucra, ni más ni menos, la manera en que se conciba el ser de América y el sentido que ha de concederse a su historia.

 Ahora bien, todos sabemos que la respuesta tradicional consiste en afirmar que América se hizo patente a resultas de su descubrimiento, idea que ha sido aceptada como algo de suyo evidente y constituye, hoy por hoy, uno de los dogmas de la historiografía universal. Pero, ¿puede realmente afirmarse que América fue descubierta sin incurrirse en un absurdo? Tal es la duda con que queremos iniciar estas reflexiones.

 No se puede hablar de un descubrimiento si a finales del siglo XV el gran anhelo de Europa era abrir una comunicación marítima con el remoto Oriente. A esta preocupación general obedece la empresa de Colón. No se trata de una inexplicable o extravagante ocurrencia, ni de una inspiración divina; es una hazaña del progreso científico del espíritu humano, mediante una intención previamente estudiada y establecida.[8]

 En una palabra, para saber a qué se debe la idea de que Colón descubrió a América, a pesar de que se sabe que él ejecutó un acto muy distinto, es necesario averiguar cuándo, cómo y por qué se pensó eso por primera vez y por qué se sigue aceptando.

 Paso a desnivel | David Cárdenas Rosas | Del diario de Colón; jueves 11 de  octubre 1492 - Cursor en la Noticia...

   Una pesquisa documental realizada en otra obra nos enseñó que la idea se gestó en un rumor popular que los eruditos llaman la "leyenda del piloto anónimo". Vamos a recordarlo brevemente de acuerdo con las noticias del padre Bartolomé de las Casas, el testigo más directo que tenemos acerca de ese particular.

 Dice que los primitivos colonos de la Isla Española (Haití empezó a poblarse por los españoles en 1494), entre quienes había algunos que acompañaron a Colón en su primer viaje, estaban persuadidos de que el motivo que determinó al almirante para hacer la travesía fue el deseo de mostrar la existencia de unas tierras desconocidas de las que tenía noticia por el aviso que le dio un piloto cuya nave había sido arrojada a sus playas por una tempestad.

 Considerando la temprana fecha y el contenido del relato, es forzoso concluir que en él se concibe por primera vez el viaje de 1492 como una empresa de descubrimiento, puesto que en lugar de admitir el verdadero propósito que animó a Colón -que era llegar al extremo oriental de Asia-, se dice que su finalidad fue revelar unas tierras desconocidas.[9]

 En efecto, no es fácil comprender a primera vista cómo pudo surgir la "leyenda" y por qué fue aceptada por encima y a pesar de que la creencia de Colón de haber llegado a Asia se divulgó como cosa pública y notoria al regreso de su primer viaje. Lo decisivo es que al surgir la "leyenda" como explicación histórica del viaje, se inició el proceso del desconocimiento de la finalidad que realmente lo animó, y esta circunstancia, que llamaremos "la ocultación del objetivo asiático de la empresa", es, ni más ni menos, la condición de posibilidad de la idea misma de que Colón descubrió a América.[10]

 En cuanto a la invención de América de Edmundo O’Gorman, José Rabasa dice lo siguiente: Ni Europa deja de ser Europa por la incorporación de América, ni Mesoamérica deja de ser Mesoamérica por la incorporación de Europa. Una tesis muy poco afín a las sensibilidades políticas de O’Gorman pero que es necesario que se postule. El europeo y su mundo son resignificados de acuerdo a un habitus mesoamericano que por mucho que se trató de destruir y sustituir con un habitus cristiano continúa existiendo hasta nuestros días. No intacto, por supuesto, pero ¿qué permanece igual después del descubrimiento de América?

 En vez de pensar en términos de un binario que opone “descubrimiento” a “invención”, encontramos la necesidad de remontarnos a un momento anterior al viaje de Colón. América como invención o descubrimiento es un resultado de inventos y descubrimientos que se fueron dando a lo largo del siglo XV, en particular en la exploración y colonización de África y las Islas Canarias, para sólo nombrar uno de los archipiélagos en el Atlántico.

 Estos inventos incluyen artes de navegar, recursos cartográficos, sistemas económicos, formas de esclavitud, armas, recursos lingüísticos, que constituyen el habitus tanto mental como lingüístico que subyace y determina la experiencia y las primeras descripciones de Colón.

 De nuevo la cuestión reside en definir el principio, el momento en que toma forma la concepción de un Nuevo Mundo que no se puede reducir al concepto de un continente, sino que debe incluir la suma de los atributos, símbolos, imaginaciones, fantasías y sensaciones que provocan las realidades inéditas de lo que eventualmente se llamará América. De ahí que la cuestión ya no sea “la invención de América” en singular, sino la de una continua reflexión e invención de América que por definición será múltiple e inacabable.[11]

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 El horizonte está abierto a la intervención de múltiples actores. Intervenciones que en algunas instancias apelan a un nuevo nombre para el continente, por ejemplo, el de Abya Yala, que en lengua cuna significa “tierra en plena madurez”, y que varias organizaciones indígenas han asumido desde la década de los 80. A partir de este tipo de intervenciones no podemos escribir el nombre de “América” entre comillas, o para adoptar la práctica de Heidegger y Derrida, sous rature, bajo un tachón: América.[12] No se puede dar el cuestionamiento del ser de América en términos más radicales que bajo el tachón del nombre.

 Entre otros cuestionamientos de O’Gorman a la historia universal, destaca: el cosmopolitismo de toda propuesta de una historia universal conlleva el dilema de que toda articulación de lo universal tiene una vocación englobante que constituye una historia única a partir de la cual todo reclamo de reconocimiento de las historias particulares implica tanto una subordinación como una negación de sus propios términos.

 La historia universal es un género discursivo de la memoria que en última instancia encuentra la necesidad de aunar la fuerza del argumento con la fuerza de las armas. Las propuestas universales constituyen los criterios a partir de los cuales se establece la verdad de los otros géneros.

 El concepto de factiche (los hechos son productos, no meros datos) nos permite pensar alternativas a los criterios positivistas que fundamentan la definición de los hechos históricos a partir de prácticas discursivas que separan a la historia propiamente dicha del mito, la leyenda, testimonios, etcétera.

 Dentro de esas alternativas a los criterios positivistas, José Rabasa, en su ensayo “Intencionalidad, invención y reducción al absurdo en la invención de América”, rescata cuatro tesis:

 1) Los escritos de Colón elaboran variantes de tres grandes tópicos del buen salvaje, el milenarismo y el exotismo;

 2) América es un ente histórico, es decir, un constructo discursivo abierto a múltiples interpretaciones;

 3) La intencionalidad de la naturaleza y de la lengua implica un mundo poblado de cosas dotadas de vida propia;

 4) Si bien los objetos son inertes, la novedad de los objetos americanos implica una dislocación del conocimiento y de los códigos vigentes, si no de las categorías lógicas.

 Es a partir de la traducción al inglés de 1961 y la edición española de 1978 en que se da un giro ideológico profundo en la discusión de la invención de América. Giro que responde a la revolución cubana de 1959 y que demostró que ninguna agencia fuera de la América anglo-sajona podía intervenir en el continente (doctrina Monroe) y para ello se apela a las armas para mantener su credibilidad.

 O’Gorman concluye la versión de La invención de América de 1978 con las siguientes palabras: “Que el alcance de esa meta implique un recorrido de violencia e injusticia, que durante él se corra, incluso, el riesgo de un holocausto atómico, no debe impedir la clara convicción acerca de la autenticidad de aquella suprema posibilidad histórica de independencia.”[13]

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La realidad de América, entendida por los ideales de la América anglo-sajona, se fundamenta en la soberanía que ésta puede ejercer a partir de un estado de excepción que justifique el recurso a las armas nucleares y que socave violentamente toda apelación a la justicia. El derecho e imbricación de todos los pueblos estaría definido por la universalidad del nuevo imperio y sus nuevos requerimientos.[14]

 En relación a la objetividad de la historia, O’Gorman es implacable y expresa:

 Pero he aquí, además, la objeción fundamental a esa seudohistoriografía, tan ajena a nuestra idiosincrasia, pero hoy tan en boga y tan aplaudida entre nosotros, a esa seudohistoriografía, digo, que, por una vana esperanza de objetividad, sólo quiere atenerse a estadísticas y generalizaciones con desdén por lo particular e irrepetible. Es, pues, una manera de historia que permuta la primogenitura de lo cualitativo por el plato de lentejas de lo cuantitativo, para acabar ofreciendo, en monografías ilegibles, un cadáver de verdad incapaz de entusiasmar al más frenético devoto de la necrofilia.

 Es historia de computadora y puesto que cualesquiera que sean las excelencias de esos artefactos admirables, no se ha logrado todavía dotarlos de una vocación, se trata, en suma, de una historia rígida, de una historia hecha sin amor, cuya garantía se cifra en la utopía de una aséptica imparcialidad y exhaustiva información testimonial. No podemos aceptar que se desconozca las flaquezas de los héroes para hacer de ellos figurones acartonados que ya nada pueden comunicar al corazón.[15]

 En esta línea algunos historiadores (Fernando Benítez, José C. Valadés, entre otros) coinciden en que todos aquellos considerados como héroes, en su calidad de seres humanos, durante el trayecto de su vida presentaron diferentes facetas y ni unas excluyen a las otras, de tal forma que sólo la balanza define su trascendencia en tanto el peso se cargue al de la justicia y solidaridad en favor de los desposeídos.

 La pureza pura no existe y se vale reconocer que todos aquellos seres humanos considerados como héroes tuvieron fortalezas y debilidades, mismas que deben tomarse en cuenta en función de su intencionalidad. 

 Es tal la influencia de la historia universal promovida por la cultura occidental (a la que O’Gorman llama seudohistoriografía) que a mediados del siglo XX, buscando la identidad de los chihuahuenses Fernando Jordán escribe “Crónica de un país bárbaro” y preso de esa supuesta objetividad de la historia, sostiene y defiende el papel neutral del historiador, renunciando al abordaje del movimiento de la Revolución Mexicana y trasladando tal responsabilidad a Francisco R. Almada[16], actitud propia del positivismo, que en aras de la exactitud sustenta la neutralidad.

 Al respecto, Alberto J. Pla[17], en la Introducción al libro de John Reed "México Insurgente"[18], dice lo siguiente:

 "…una palabra todavía sobre su "no neutralismo" (se refiere a John Reed) frente a los procesos que vive y describe. Hasta en este punto aparece la más honesta de las actitudes, aunque no lo desarrolle como concepto sistemático. Era parte de su comprensión consciente. Porque no se puede ser neutral, ni ante lo que a cada uno nos toca vivir, ni ante el pasado que nos condiciona de una u otra manera. La objetividad es siempre relativa. Hay que respetar los hechos, los acontecimientos tal cual se dieron. Pero hay que comprenderlos, y la comprensión significa integrarlos a algo que es más grande e importante que cada hecho en sí mismo (la conciencia)".[19] 

 Esta objetividad en los años que le tocó vivir, era terriblemente cuestionada por la mentalidad positivista que solo creía en el "pequeño hecho verdadero". John Reed hace historia más científica que los eruditos descarnados que solo saben medir cantidades o precisar fechas. Sentimientos y conciencia no pueden dividirse en rebanadas como un pan.

 En torno a las concepciones de Jordán en relación a la historia, Álvaro Matute[20] establece que: "en los últimos años las ciencias sociales, y con ellas la historia, han venido pasando del laboratorio científico al artístico y, más específicamente, al literario".

 Para sustento de lo anterior se traslada al prólogo de "La comedia humana", escrita por Honorato de Balzac, para decirnos que en la lectura de dicho prólogo se muestra de manera clara cómo la literatura tarde que temprano se empareja con los temas y problemas propios de las ciencias sociales, ya que en los textos de su autor las fronteras entre el trabajo del historiador y el trabajo del novelista se van borrando: en pos de su empresa, Balzac no se conforma con la simple y llana descripción, ni con la acumulación de datos fríos y va más allá de la crónica de sociales o la pintura de caracteres, insistiendo en el parentesco entre su arte y la Historia con mayúscula.

 Balzac cierra el prólogo a La comedia humana de manera por demás elocuente, hablando de su plan de escritura como de "un plan que comprende a la vez la historia y la crítica de la sociedad, el análisis de sus males y la discusión de sus principios" a través de la vida cotidiana de los individuos.[21]

 Libro y ebook «La Comedia humana, volumen X» de Honoré de Balzac - Hermida  editores

 Todo lo anterior se afianza porque se da en la reivindicación de la vida cotidiana, que trasciende en la medida en que de forma dinámica y compleja pasa de lo individual a lo colectivo, pero además se reafirma cuando en las obras literarias de la Ilíada y la Odisea, Homero, en el siglo VIII antes de Cristo, en base a la tradición oral tan menospreciada por el positivismo, rescata sucesos de más de 700 años de antigüedad, que para los historiadores tradicionales era una leyenda muy amena carente de todo sustento, pero que el comerciante alemán Heinrich Schliemann, aficionado a la arqueología, con sus exploraciones en 1870 demostró que la guerra de Troya no era una fantasía del poeta, sino una realidad. Siguiendo la geografía señalada por Homero en sus obras, Heinrich Schliemann descubrió y desenterró las ruinas de Troya.

 Pero la obra de Heinrich Schliemann, que convierte la leyenda de Homero en realidad histórica, no es un caso aislado; en su momento, cuando Julio Verne escribió sobre un viaje a la luna o sobre la historia de un hombre que sin ser pez se movía en las profundidades del mar, casi todo mundo pensó que todo eso era imposible: que solo se le podía ocurrir a quien estuviera enfermo de sus facultades mentales o bajo el influjo de las drogas. Hoy a nadie se le ocurriría decir que Julio Verne fue un enfermo mental o un adicto a los narcóticos.

 Balzac cierra el prólogo a La comedia humana de manera por demás elocuente, hablando de su plan de escritura como de "un plan que comprende a la vez la historia y la crítica de la sociedad, el análisis de sus males y la discusión de sus principios", a través de la vida cotidiana de los individuos.[22]

 A pesar de que Fernando Jordán elude abordar en su promocionado libro el tema de la Revolución Mexicana en aras de una supuesta neutralidad, sin ningún argumento califica a los hermanos Flores Magón de “filibusteros”[23] y a Francisco Villa de “El Atila del norte”[24].

 

CONCLUSIONES:

 Las ideas de O’Gorman, aquí abordadas muy someramente y que invitan a profundizar en sus contenidos, tienen el mérito de sacudir a los diferentes enfoques de la historia, desde las posiciones del eurocentrismo hasta el abuso de las fuentes de información que nos obligan a expresar lo que pensamos con palabras que otros dicen.

 Eludir o clausurar el debate nos llevaría al dogmatismo en beneficio de las posiciones hegemónicas que, en su afán de dominio, consideran que todo está acabado, bajo una clasificación de las ciencias desarticulada en casilleros separadas una de otra con una supuesta exactitud que no admite discrepancias, exactitud que no existe aunque presuntuosamente se hable de ciencias exactas. La rama más desarrollada de las matemáticas (el cálculo diferencial e integral) se sustenta en la inexactitud: tendencia a cero que jamás llega al cero. Pero lo más grave, que descalifica al otro hasta la humillación, el escarnio y el extermino. Para muestra:

 A principios de nuestro siglo todavía los dueños de los pongos, indios dedicados al servicio doméstico, los ofrecían en alquiler a través de los diarios de La Paz, Bolivia. Hasta la  revolución de 1952, que devolvió a los indios bolivianos el pisoteado derecho a la dignidad, los pongos comían las sobras de la comida del perro, a cuyo costado dormían, y se hincaban para dirigir la palabra a cualquier persona de piel blanca.

 En el caso de Mesoamérica y Aridoamérica los nativos fueron etiquetados como salvajes y se puso en duda su naturaleza humana (de ahí que los hombres blancos -chabochis- fueran de razón y los indígenas no), ni el bisonte (cíbolo) escapó a las etiquetas discriminadoras, por su relación con los apaches se les dio por parte de los colonizadores españoles un origen satánico por sus rasgos físicos que los identificaban, según ellos, con satanás.

 Hernán Horna, investigador de la Universidad de Uppsala, Suecia, de la UNAM y de la UAM  sostiene que los Canibas han sido los más desconocidos y calumniados. Los pocos documentos europeos de los encuentros directos con Canibas no manifiestan que ellos eran bestias, sino más  bien humanos y hasta humanistas (Hume y Whitehead, 1992).

 Ellos no eran salvajes. Los Canibas fueron los más difíciles de subyugar por el hombre blanco en el Caribe.  Ellos dieron refugio primero a indios y después a esclavos africanos que se escapaban de la dominación europea. A pesar de todo, ellos eran los héroes de la resistencia caribeña. 

 Los Canibas de las islas Winward (Barlovento) resistieron hasta 1797, por ello los blancos nunca  los perdonaron, etiquetándolos con todo tipo de calificativos y finalmente derrotarlos, enviando a los sobrevivientes a Centroamérica.[25]

 Islas Windward

  La necesidad de justificar la colonización americana llevó a Cristóbal Colón durante su segundo viaje a informar que los indios adoraban al demonio, comían carne humana, eran ladrones, perezosos, mentirosos, homosexuales y prostitutas. Colón buscaba antropófagos, sirenas, gigantes, como también gente con cara de perro, cola y un ojo.

 En ese contexto, y con el apoyo de las tribus enemigas de los Canibas, se establece la calumnia de que se comían la carne de sus enemigos, de ahí la palabra canibalismo. Posteriormente, los colonizadores blancos y los antropólogos han descubierto que esa era una manera indígena de calumniar a las etnias enemigas, capitalizada por los europeos. Colón terminó descartando la acusación (Morison, Ob. Cit.:100, 103, 117, 212).

 El padre Bartolomé de las Casas rotundamente niega que los Canibas eran antropófagos. La evidencia histórica de que los Canibas eran antropófagos es muy circunstancial y, en opinión del antropólogo norteamericano William Arens, es falsa. (Arens, 1979).[26] 

 Durante la conquista, Cortés y sus soldados blancos comieron a uno de sus compatriotas "hasta   el último pelo y hueso" (López de Gómara, 1966: 234). Actos de antropofagia española han sido documentados en el curso de la exploración y conquista del suroeste norteamericano (Bishop, 1933) y en los Andes (García Soriano, 1954: 18). 

 Por supuesto que sería muy injusto concluir en base a la anterior documentación que tales españoles eran caníbales.  Los tiempos de la conquista fueron difíciles aun para los vencedores, pero son los Canibas a los que los autores de diccionarios tienen en mente cuando escriben acerca de caníbales.[27]

 Cuando los Reyes Católicos en 1503 decretaron que solamente los antropófagos podían ser esclavizados, condenaron a los aztecas a la fantasía de ser caníbales antes de ser  "descubiertos". El célebre cronista Bernal Díaz del Castillo nos informa que en el palacio del emperador Moctezuma se comían más de 30 tipos de carne y ninguna era humana. (Díaz del  Castillo, 1979: 138).[28]

 500 años del encuentro entre Cortés y Moctezuma: así era la gran  Tenochtitlan, "la Venecia del Nuevo Mundo" que deslumbró al conquistador  español cuando llegó a México - BBC News Mundo

¿Qué tan cierta era la afirmación de los frailes que acusaron a los tepehuanes de Santa Bárbara de ser caníbales? Jordán no se metió en problemas, no investigó nada al respecto o no se quiso  comprometer.

 Sin duda, la complejidad de este tema obliga a seguir profundizando en su contenido para no quedarse en la superficie y caer en la irresponsabilidad. Hasta aquí con la intención de que los compañeros (que abundan) muy preparados y relacionados con la materia se interesen en la inquietud por la construcción colectiva de un mayor conocimiento al respecto. Es necesario entrarle a las discrepancias que O’Gorman tuvo con algunos investigadores e historiadores aquí  mencionados.

  Epitacio Chávez Nevárez         

 Chihuahua, Chih., diciembre 7 de 2020

 

[1]    Un equipo de maestros entusiastas y con gran vocación de servicio de los cuales recuerdo a los profesores Renato Rosas y Manuel Terrazas iniciaban el esfuerzo para fundar una Escuela Secundaria por Cooperación.

[2]    El diccionario define a la palabra genocidio como “Aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos sociales, políticos, raciales, religiosos.” Los mexicanos no solemos hablar de esto. La palabra para nosotros evoca la masacre cometida contra el pueblo armenio, iniciada por el gobierno turco a partir de 1915; el exterminio de comunidades judías y gitanas por el nazismo alemán antes y durante la segunda guerra mundial; las matanzas étnicas de Ruanda.   

 Difícilmente incluimos en esta lista el genocidio yaqui durante el porfiriato (habría que incluir aquí el genocidio cometido en contra de los pueblos originarios de todo el continente americano durante la conquista). De este tema no solemos hablar, está ausente de los libros de historia, de la educación, de nuestra relación con el pasado, pero en términos relativos fue igual de brutal que los demás que se citan.

 [3]  LANGARICA ARREOLA, Luis. “La población en general, bajo la conquista española”, en la revista “América Latina en movimiento”. 05/05/2017.

[4]  José Rabasa. En el ensayo “Intencionalidad, invención y reducción al absurdo en la invención de América”.

 [5]  Edmundo O’Gorman. “LA INVENCIÓN DE AMÉRICA”. Para uso de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit. Primera parte. Historia y crítica de la idea del descubrimiento de América. Página 33.

 [6]  Ibídem. p. 33.

 [7]  Ibídem, p. 41

 [8]  Robertson, The History of America en Edmundo O’Gorman. “LA INVENCIÓN DE AMÉRICA”. Para uso de los  estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit. Primera parte. Historia y crítica de la idea del descubrimiento de América. Página 23.

[9]  Edmundo O’Gorman. “LA INVENCIÓN DE AMÉRICA”. Op. cit. Página 10.

 [10] Ibídem, p.12.

 [11]  Ibídem.

 [12]  A. Muyulema. “De la ‘cuestión indígena’ a lo ‘indígena’ como cuestionamiento. (…) en José Rabasa, Ensayo: “Intencionalidad, invención y reducción al absurdo en la invención de América”.

[13] O’Gorman. La invención de América, p. 159.

 [14]  José Rabasa. Ensayo: “Intencionalidad, invención y reducción al absurdo en la invención de América”.

 [15] Edmundo O’Gorman. Palabras pronunciadas al recibir el Premio Nacional de Artes. Primera edición, Centro de Estudios de Historia de México, Condumex, 1974, reproducido con el expreso permiso del autor. Open Edition Books.

[16] VARGAS VALDÉS, Jesús. “Sugerencias para leer la Crónica de un país bárbaro” en “CHIHUAHUA HOY” 2008. Visiones de su historia, economía, política y cultura. Tomo VI. Instituto Chihuahuense de la Cultura. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Universidad Autónoma de Chihuahua. Pp. 18-19.

 [17]  Historiador marxista nacido en la ciudad de Rosario, Argentina. Especialista en el estudio del movimiento obrero y de la realidad latinoamericana durante el siglo XX.

 [18]  REED, John. “México Insurgente”. Segunda Edición. Buenos Aires, Argentina. 1989. Pp. 8.

 [19]  La conciencia es la toma de compromiso ante el conocimiento mismo.

 [20]  MATUTE, Álvaro y LOYO, Martha Beatriz. Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 17, 1996, Pp. 163-174.

 [21]  DE BALZAC, Honorato. La comedia humana, prólogo. México, Colección Málaga, 1959. En Estudios de Historia Moderna y  Contemporánea de México, Álvaro Matute y Martha Beatriz Loyo (editores), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 17, 1996, Pp. 163-174.

 [22]  DE BALZAC, Honorato. Op. cit. Pp. 163-174.

 [23]  JORDÁN, Fernando. "EL OTRO MÉXICO. BIOGRAFÍA DE BAJA CALIFORNIA", en José Luis Aguayo Álvarez. "Vida y obra de Fernando Jordán".  Primera Edición. Chihuahua, 2009. Pág. 33

 [24]  JORDÁN, Fernando. Op. cit. Pag. 361.

 [25]  HORNA, Hernán, (2013) “Hacia una visión indianista de la conquista”, Pacarina del Sur [En línea], año 4, núm. 14, enero-marzo, 2013. ISSN: 2007-2309.

[26]  Ibídem.

 [27]  Ibídem.

 [28]  Ibídem.

 

Agradezco el profesionalismo mostrado (como siempre) por el Profr. Ramón Gutiérrez Medrano en la revisión y redacción de este trabajo, considerando además la solidaridad brindada en la búsqueda e inserción de las imágenes. 

 

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